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Yo no sé, pero esto me gusta

Juan Posada

Publicado en Diario de Navarra el 10 de julio de 1985

Pamplona 9-7-1985, toros de Osborne para José Maria Manzanares, Luis Francisco Esplá y Espartaco

ERAN las palabras de un asiduo espectador, muy conocido por mí, ya que somos compañeros de localidad desde hace muchos años. El hombre, aunque confesó que no sabía mucho de toros, se emocionó cuando Luis Francisco Esplá entró a recibir por dos veces a su segundo toro: «Esto es maravilloso», exclamó entusiasmado. Y, acto seguido, sacó su pañuelo y obligó a su esposa a que flameara una preciosa chaqueta de hilo que portaba.

Luis Francisco Esplá (Foto: Diario de Navarra)

Luis Francisco Esplá (Foto: Diario de Navarra)

La confesión fue maravillosa, porque me hizo comprender que, por encima de los posibles entendimientos (léase -entre comillas), en la fiesta de los toros impera la impresión ocular y del sentimiento. Daba gusto contemplar a mi vecino, a su bella esposa y a la mayoría del público cómo clamaban al presidente para que concediera los máximos trofeos a Esplá. Digan los listos que saben mucho de esto del toro y, lo que es peor, desmenuzan las faenas, como si de menudillo de pollos se tratara, sin ser capaces de meterse en el ambiente emotivo de un triunfo en una plaza de toros.

Todos, aunque desde un punto de vista técnico estuvieran algo desorientadillos, pidieron las orejas y el rabo de verdad, de todo corazón. ¿Por qué? Simplemente porque se habían divertido y sintieron algo dentro de sí que estaba fuera de lo normal, distinto a la vida cotidiana y, lo que es aún más significativo, fuera de la costumbre aburrida de la mayoría de las corridas que se celebran, especialmente aquí en Pamplona.

Ayer me convencí de que los únicos que quieren elefantes, en lugar de toros, son los veterinarios de la plaza. Porque, vamos a ver, ¿protestó alguien alguno de los toros lidiados ayer? Nadie. Lo que prueba que en Pamplona no pretenden que se traigan animales grasientos, cornudos y con feo tipo, sino que se intenta ver efectividad.

No voy a adentrarme en hacer la crítica de la corrida, que corresponde a otro compañero. Además, sólo se puede criticar la obra imperecedera y como una faena de muleta perece cuando el toro muere, sería imposible cumplir con ese precepto periodístico. ¿Qué sería si una gran faena estuviera siempre presente, como un cuadro de Goya?

Supongo que habría cola para vivirla, ¿o no? Pero mejor aún que una gran faena es una buena tarde de toros. Ayer, los osbornes la proporcionaron. Hubo toros que fueron al caballo con lentitud, pero con raza y son, toreros que, si no bordaron el toreo desde un punto de vista ortodoxo, hicieron las delicias del público, que es el que paga y mantiene con su dinero esa fiesta tan nuestra. Bueno, pues con eso me conformo. Que no es poco.

Ayer hablaba del buen teatro, del que es lícito y casi obligado en un profesional. Bueno, pues en la corrida de los osbornes hubo teatro del bueno y buenas cosas que merecían ser plasmadas entre- las bambalinas. Y no me refiero a las faenas, no, sino a la actitud del público cuando los toreros toreaban, a su manera, y deleitaban a la concurrencia. Déjeme de críticas técnicas y doctas (aunque en esto del toreo el único doctor es el que se pone delante de los cuernos) y de tecnicismos estúpidos, muchos de ellos influenciados por envidias personales, y en bastantes casos, por falta de remuneración adecuada. Ayer triunfó la fiesta, que es lo único que a mí, personalmente, me interesa.

Críticos habrá que desmenucen las distintas faenas. Lo malo es que se pueden encontrar con su propia decepción al no haber sido capaces de transmitir a una plaza con casi veinte mil almas la emoción de una faena torera.- Yo, antiguo torero, a mucha honra, actual profesional del periodismo, me enorgullece que tres hombres, un trío de toreros con piel de oro (el traje de luces) hayan sido capaces de levantar a Pamplona en alto. Eso sólo lo consigue San Fermín y los grandes toreros. Bendita sea esta fiesta de toros que es capaz de aunar voluntades y olvidar los colores.

¡Viva la fiesta de los toros!

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4 respuestas a “Yo no sé, pero esto me gusta”

  1. […] en los públicos de Sol y Sombra, llegándose al cenit de esa relación el 5 de julio de 1985, al cortar un rabo a un toro de la ganadería de José Luis […]

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