Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

…et polvus revertérit

Paco Apaolaza

“Diario de Grada”, publicado en “Diario de Navarra” el 15 -7-1991

Pamplona 14 de julio toros de Miura para Francisco Ruiz Miguel, Manili y Tomás Campuzano.

Y en polvo te convertirás. Bien, ya estamos hechos polvo, ya estamos hechos fosfatina, ya nos han dado la tarde y nos han dejado, aparte la maldición divina, con un sabor amargo en la boca por si no tuviéramos bastante con el propio de vivir, es un decir, el maldito día catorce que, para más «INRI», cae en domingo. La verdad es que la corrida de Miura siempre trae aparejado, cuando se lidia, como es costumbre, el último día de feria, una escandalera en el sentido triunfalista de la palabra, o en el otro, en la bronca. Parece como si importara poco lo que pueda pasar y vamos al remate final como en las rebajas o a tirar lo que sobre por la ventana para dejar la casa limpia para que al día siguiente no se note que ha habido fiesta no nos vaya a dar un mal recordarlo. Que desmadre, que lío, que pasada, que horror, que vergüenza, que disgusto, que miedo, que rabia, que amargura, que desazón…que cosa.La corrida había transcurrido por los caminos de la normalidad, si es que se puede hablar de normalidad cuando salen tres toros a los que no se les puede pegar un pase, de puro peligrosos, de puro avisados, de puro mansos, y nadie se los había pegado. Las peñas que empezaron con cuerpo de jota y alborotando lo normal llevaban ya mucho rato tirándose la harina, el cacao en polvo, no el Maravillao y reclamando al «Formidable» a voz en grito. Este ya había banderilleado, ya había saludado por dos pares vulgarones y le tocaba a su matador, Tomás Campuzano, lidiar el sexto. Salió el prenda, porque era un prenda.. alto, zancudo, con un cuello «made in miura» y con unos pitones de asustar, emplazándose y mirando pero rehuyendo la pelea. La prenda en cuestión tenía que ser picada y tomó saliendo huido de los petos cuatro varas y seis picotazos en continuos arreones al peto, al cuello del caballo y al castoreño de los dos picadores que hacían lo posible por picar a la prenda y los ánimos se iban encrespando con gritos al presidente que dudó en el momento más decisivo y a una concejala que se metió con quien gritaba al presidente. Por fin se cambió el tercio con un ambiente que hacía presagiar lo peor mientras el ruedo se iba llenando de almohadillas y las peñas pedían que volviera a banderillear «Formidable» que le tocaba lidiar con el capote. El toro, aculado en tablas y pegando arreones continuos era casi imposible de banderillear y cada pasada en falso de los banderilleros era otro punto más en la escala de la bronca. Campuzano, rodeado de almohadillas y con el toro en tablas salvó una situación que era preocupante con una estocada recibida con aplausos. Uffff.

Siempre se tiende a calificar los toros de Miura como «interesantes» porque siempre hay un cierto pudor en llamarlos, cuando salen así, moruchos. La mansedumbre, el peligro declarado, el sentido, los arreones y la imposibilidad de pegarles un muletazo son propios de toros de media raza. Interesantes, dicen, por cuanto note aburres. Depende del sentido que le de cada uno al entretenimiento. A mí particularmente me produce desazón, ya ve usted. Lo gordo es que el toro de Cuadri que vino a remendar la corrida de Miura salió, prácticamente, con las mismas intenciones aviesas y la misma mansedumbre que los otros.

Ruiz Miguel, hace tiempo, antes de irse y volver, no hubiera estado tan mal con sus dos toros, que no tenían un pase, ni uno, oiga, pero con los que se debía de haber estado de otra manera, dada su experiencia y su profesionalidad. Su primero era intratable, defendiéndose con la cara alta, corto, desarrollando sentido y metiendo los hocicos por debajo de la muleta. Estuvo, simplemente frío. Su segundo, otra prenda, resultó parecida y se lo quitó de encima pero a la hora de descabellar se le notó la desgana y la bronca, un poco injusta, no tuvo maldad. «Manili» anduvo centrado con su primero, con sentido, mirón y corto. No cabe decir otra cosa ante un toro de ésas características que nunca se entregó lo más mínimo. Con el de Cuadri estuvo desconfiado y movido ante una embestida con la cara a media altura que sólo se medio entregaba hacia tablas. Quizá sobándolo.., pero la plaza no estaba para gollerías sólo para aplaudir al «Formidable», que lo hizo simplemente bien.

Tomás Campuzano tuvo una ligerísima oportunidad con el segundo, sin raza pero con menos peligro y con el ambiente que se había creado en la plaza después de su brindis a su banderillero. La gente, que comenzó entregada, se fue enfriando poco a poco con una faena movida, demasiado movida y con demasiadas desconfianzas con un toro que tampoco se entregó. Quizá si hubiera acertado con el estoque habría cortado una oreja, quien sabe. Ya estamos hechos polvo, ya se terminó San Fermín, ya quitaron el vallado, ¡ay de nosotros!.., ya queda menos. Animo.


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