Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Buenas tardes tristeza

Paco Apaolaza

“Diario de Grada”, publicado en “Diario de Navarra” el 15 -7-1994

Pamplona 14 de julio toros de Osborne para Jose María Manzanares, Espartaco y Jesulín de Ubrique

Todo parecía eterno, todo allá, el día seis y no se que es lo que ha pasado que me dicen así de repente que desde ya prácticamente de todo aquella eternidad no quedan más que cenizas. No me lo cuentes vecina o, mejor dicho si, porque yo todavía tengo el mismo cuerpico que tenía en la procesión, mirando embobado pasar al santo y con la carne de gallina en los brazos emboscado en la alpargatería de la viuda de Juan García allá en Zapatería. De repente la grada del diario, la de los diabéticos, por la cantidad de dulce que se trasiega, se me acaba en una tarde con un cartel de los que dicen de lujo y todo empieza a amontonarse en la cabeza como si los recuerdos se hubieran puesto a caminar todos a la vez con el estruendo del primer martillazo que sacó ayer por la mañana el primer clavo de los maderones del vallado. Insisto que yo creía en esa eternidad luminosa y esto, querida vecina, no se hace porque la puñalada de nostalgia es más grave que los bajonazos que hemos visto repetidamente. Es difícil pero vamos a cantar todos la primera gracia, aquella del «que buena estas Rocío» démosle duro al «vamos a subir», desgañitémonos con el vals de Astráin, perdámonos en el clamor del «Chocolatero» o en los muletazos de Muñoz y, porque no, de Pauloba. Aquello no era eterno, ahora, en la inmediatez del fin me doy cuenta.

Algo me barruntaba yo pero la realidad era tan hermosa que nadie, ningún lazarillo de la tragedia podía oler el poste del pobre de mí taurino, un espectáculo follonero, un espectáculo cutre, bochornoso, triste, imposible en otra fecha con la gente echando la casa por la ventana y una presidenta culpable de trivializar semejante espectáculo, una presidencia incapaz de soste nerse con cierta dignidad. Yo se que esto de «Jesulín», del número del sexto toro, del niño de pamplonica, del rabo, del cipote que se montó se debe de tomar a cachondeo pero, es imposible. Todo estaba preparado y todos tragaron con una mierda de corrida, la presidenta decía que eran bombones y, a parte de «una gozada de cartel», la cosa era como «la guinda de unas buenas fiestas». o sea eso. Vaya guinda para la tarta, vaya broche de como de puestillo en Estafeta. Vaya bajonazo triste al prestigio de Pamplona, que imprudencia tan supina la del que compró semejante novilladona, la de los que la aprobaron con criterios gastronómicos a los bombones. Un desacato triste que no se arregla con rabo, con las puertas grandes, con la utilización del sempiterno niño «jesulinítico» ni con la frase esa de la gente se divirtió que no es más que intentar salvar una cara con el arrebol de la vergüenza. Estas cosas no se pueden tomar a cachondeo. La vergüenza pueblerina del numerito de las mulillas, con Antonio Caba, subalterno de «Jesulín» metido por allí, por entre los caballos, no hace sino aumentar la tristeza. No solo se han terminado unas fiestas sino, probablemente un estilo de hacer las cosas. Buenas tardes tristeza, bienvenida, siéntese aquí y vamos a cantar el pobre de mí con hipidos, con los ojos húme dos, sin violencia, dejando que la vista y el oído, el cuerpo vaya llenando los vacíos que dejan las ausencias y la incalificable sensación de cotidianeidad, esta vez mucho más vacua, ramplona, fría y desagradable.Ellos, los toreros, anduvieron por allí de diferente guisa. Ellos vinieron a montar su número con las cabras Amalteas de cuyos cuernos sale toda la abundancia, ellos vinieron a eso y se lo consintieron. Mejor para ellos. Quien iba a pensar que el presunto lío que iban a formar, lejos de aliviarnos de las tristezas del cerrojazo nos iba a sumir en el más profundo de los desamparos. Manzanares con el primer bombón anduvo con esa maestría última que debe de consistir en torear con la muleta retrasada a partir del muslo y rematar los muletazos a la altura de la hombrera, pegando un zapatillazo para provocar la embestida. Es cierto que algunos derechazos tuvieron temple y elegancia. Es cierto que dos naturales tuvieron tanta plasticidad como poco sentimiento así como que nunca se le pasó la posibili dad de juagrse medio alamar y echar cierta pasión. En el cuarto se produjo la primera situación aberrante cuando un torillo semiinválido se rompió un pitón y nadie, absoluta mente nadie, protestó la pretensión de Manzanares de torearlo. Nadie dijo ni mú, solo el torillo quejumbroso. En esta temporada en que «Espartaco» no está llegando con nitidez a los públicos, Pamplona le coreó el nombre con pasión en el primerillo, una cosita mansita e inválida al que le hicieron solo un ojal en el caballo y que se rehizo embistiendo con bobería a una muleta que nunca lo molestó, que le cogió el ritmo, que le pegó sesenta muletazos sin vibración, con facilidad, sin temple y con cierto entusiasmo. La fierecilla domada iba y venía, venía e iba, sumisa hasta que se encontró con una estocada desprendida que acabó con su trote sin brillo. Dos orejas a la primera. A Manzanares no se las dio porque con eso de los pincahzos solo salieron cuatro moquerillos que si salen ocho ya hubiéramos visto. Si chico era el segundo, el quinto ya era como de chiste cutre e indecente y a su aire, defendiéndose sin exagerar y repitiendo. La faena fue de los 101 muletazos, sobaos al principio, pudiendo -que sarcasmo- con el, al muletazo 99 se agarró a la penca del rabo del torillo sonrojante y no lo crujió matando. Lástima porque seguro que la presidencia le hubiera dado, lo que hubiera pedido un público pasota de liquidación por derribo y casa por la ventana que mañana no salgo de la cama. «Jesulín» no pudo con el primero, sosón, corto pero sin ser parado. Le pegó muchos trapazos y el bajonazo correspondiente. Al sexto le hizo de todo y cuando digo de todo es por algo. De todo salvo el pase de la tortilla que le salió revuelta. La gente loca. El resto circo como el que hay por ahí con fieras y niños. Que indecencia. Vamos tristeza, no llores. Esto hay que celebrarlo.

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