Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

José Tomás llega y cae de pie

Ignacio Álvarez Vara, “Barquerito”

Crónica de  publicada en “Diario 16” el 14 -7-1996

Pamplona 13 de julio, toros de Cebada Gago para Emilio Muñoz, Juan Mora y José Tomás

Valentísimo, el torero de Galapagar vive un feliz debut en los sanfermines.
Le corta al sexto un trofeo que premia el conjunto de una notable tarde

BARQUERITO: PAMPLONA:  Fue muy hermoso y muy emotivo el debut de José Tomás en sanfermines. Para la inmensa mayoría, su nombre era un arcano. Hubo incluso quien cuestionó que la sustitución de César Rincón fuera a parar a las manos de un torero desconocido . Pero el enigma quedó despejado en seguida. Sólo con hacerse en plaza con el primero de los dos toros de Cebada Gago que venía a matar, José Tomás dejó bien claro que su entrada en el cartel no era un barato capricho. Aunque los lances de recibo al tercero pecaron de precipitación el torero se estiró antes de que se viera al toro , la faena, brindada al público, rompió en seguida. Ese primer toro de lote fue uno de los dos de Cebada Gago que se emplearon de verdad en la muleta.

Jose Tomás apurado por una moza

José Tomás (elmundo.es)

Pero también es cierto que embistió el torero todavía más que el toro. En el mismo platillo de la plaza José Tomás abrió por estatuarios dejando al toro venirse al galope y aguantando con solemne aire sus repeticiones. Abrochó la tanda de apertura con un largo y templado pase de pecho. La gente entró en la faena de inmediato. La faena tuvo calidad y temple. Gusto, verticalidad, seguridad del torero en sí mismo. Muy buen aire. Aire de toreo caro. No sólo toreo de valor: también apuntes sensibles de estilo. Pero cuando se empezaba a degustar la variante de estilo, el toro de Cebada se echó a los lomos a José Tomás en el cite de un pase de pecho. El toro tuvo a José Tomás entre los pitones y sólo por fortuna el torero salió librado del trance con una brutal voltereta. La taleguilla, de color blanco marfil, quedó teñida pavorosamente de sangre con un gigantesco brochazo. Pero José Tomás ni se miró ni cambió de ideas: siguió en los medios y pulseó al toro en tandas ligadas que se celebraron con pasión. Después de cambiar la espada y antes de cuadrar al toro, José Tomás se adornó por manoletinas. Y hasta en el toreo por alto hubo apuntes de estilo. Dos hermosos desplantes de rara arrogancia, mucha tranquilidad la que da el valor sereno y, con la plaza rendida, íay!, dos pinchazos, una estocada atravesada que hizo guardia al toro y sólo al cuarto viaje la estocada definitiva. Lo que iba a ser por fuerza y pureza una faena de dos orejas se quedó en una cerradísima ovación que obligó a José Tomás a salir a saludar a los medios. En Pamplona no es común que se pida a un torero dar la vuelta al ruedo.

José Tomás renunció a darla en un exceso de humildad. Tal vez no entendió cuánto había calado en la gente. Lo entendió en el otro toro, pues se le esperaba. Y con ese último de la corrida de Cebada Gago, que hizo en el caballo una muy desigual pelea y que en banderillas avisó con mal estilo, el torero de Galapagar volvió a entregarse estoica y decididamente. El toro, de cortas embestidas y ásperas medias arrancadas, se metió mucho por detrás, Hubo amagos de cogida. Pero no rectificó terrenos José Tomás salvo para ganar pasos o para taparse cuando le buscó el toro. Bella faena, de ideas rápidas, sin tiempos muertos, de mucha soltura. Pero no una faena brillante. Con todo, tras una buena estocada, la gente reclamó una oreja. Para sellar formalmente esa pequeña fiesta que se produce cada vez que en Pamplona entra un torero nuevo. Con este no contaba casi nadie.

La madurez de Emilio Muñoz y Juan Mora fue un contraste con la frescura del torero nuevo. Con el nuevo estuvieron las peñas sin reservas. Con los dos veteranos, más exigentes.

Muñoz estuvo profesional y discreto con un primero que manseó feamente en el caballo y que no repitió en la muleta.

Además, molestó el viento. El cuarto fue, en calidades, el toro de la corrida. Sumamente noble y dócil, fue un toro de gran fijeza. Muy centrado, Muñoz se despachó con una faena de mucha sobriedad, bien trazada y bien compuesta, pero víctima de la frialdad con que se vive en Pamplona el cuarto toro de cada tarde, que es el toro de la imperdonable merienda. Al toro lo mató Muñoz pronto y no hubo trofeos.

Mora abrevió con el listo y peligroso segundo, pero con la espada estuvo desafortunadísimo y la bronca fue épica. Se tomó por un renuncio la brevedad lógica del torero. Con el quinto, que sólo se empleó a media altura y muy cortito, Mora logró hacerse perdonar: buscó toro por todas partes, se embarcó en una faena peleona pero más tenaz que inspirada y esta vez anduvo con la espada al menos breve.

Be Sociable, Share!
Etiquetas: , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *