Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Dávila Miura y Abellán, por la puerta grande

BARQUERITO

Agencia COLPISA

Pamplona. 8ª de feria. Lleno. Fresco. Nubes y claros.
Seis toros de Jandilla (Borja Domecq). De hechuras y juego distintos. Los tres últimos, de gra ritmo y calidad; guerrero el primero; apagado el segundo; pegajoso, listo y orientado el tercero.
Dávila Miura, saludos y dos orejas. Miguel Abellán, silencio y dos orejas. Matías Tejela, silencio y una oreja.

Fue, como tantas otras, una corrida de dos partes. Pero no fue una de tantas corridas. La primera parte tuvo carga y mar de fondo. La segunda fue pura pasión. La corrida de Jandilla hizo por la mañana en el encierro una escabechina. La corrida se aguardaba con expectante temor. Por la agresividad que los jandillas habían dejado entrever en el encierro. Y porque la corrida, como cualquier otra de Pamplona, tenía leña, seriedad y cuajo.
No fue sencillo romper el hielo. Pero el primero de los seis, un toro jabonero de muchas carnes pero musculado y ágil, le dio de partida otro acento a la cosa. Fue toro bueno. Como le pasa a tantos de los toros del encierro, este tuvo su querencia final a la puerta de corrales. Bravo en un primer puyazo muy duro, alegre en banderillas, fue toro codicioso en la muleta y Dávila Miura lo toreó con mimo y carácter. Pero pinchó antes de enterrar la espada toda. El toro se dolió a la estocada y pegó un arreón formidable del que Dávila se libró por pelos. Se aplaudió el arrastre.
Con los dos toros siguientes cambió el signo. El segundo, peor rematado que los demás, escarbó muchísimo y, muy sangrado de varas, quiso lo mínimo. Abellán anduvo fácil. De tercero se jugó el toro que más estragos había hecho por la mañana. Muy estrecho y largo de cuello, bien armado, alto de agujas. Distinguido. Desde el principio acusó la descompuesta batalla de la mañana. Pegajoso, incierto, andarín, se acostó mucho por la mano derecha. Se dolió en varas y se llevó por delante a Carlos Ávila cuando lidiaba en banderillas. Matías Tejela, tranquilo, resolvió sin agobios en trasteo breve.

Estalla la fiesta

Luego estalló la fiesta. La fiesta de tres toros de extraordinario ritmo en la muleta. La fiesta de tres toreros entregados. La fiesta de las peñas de sol. La fiesta de la plaza entera. El cuarto de corrida, una generosa prenda de 600 kilos, salió potente. Dávila lo hizo picar lo justo. Lo tomó crudo en la muleta de largo y desde el principio. Lo sometió. No importó que fuera hora de merienda. Se jaleó todo hasta el final. Tras la espada Dávila se fue como una vela.
Se embaló la cosa. Abellán salió como un perro por el quinto, que fue el más grande y aparatoso, pero noble. Un toro de discreto empleo en varas, pero que vino a romper en la muleta con dulce temple por las dos manos. En los medios siempre, en la distancia justa, Abellán provocó un clamor en cuanto se dejó ver. Guiños al sol, pero el toro en la mano. Faena rotunda. De garra. Y el remate de un espadazo de león en el mismo platillo de la plaza. Un delirio. Vuelta al ruedo para el toro, que ya había sido arrastrado y volvió a escena traído por las mulillas.
Sólo quedaba que Tejela se sumara. Se sumó. Sólo que el sexto toro, de exquisita calidad, salió algo acalambrado y enterró pitones nada más meter la cara. Amenaza de claudicación. Con la zurda, Tejela le pegó una tanda de supremo ajuste. Pero el toro empezó a derivar poco a poco, a quedarse corto y querer menos. Buena la faena, pero condicionada. Estocada defectuosa. Una oreja. Solamente.

Be Sociable, Share!
Etiquetas: , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *