Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Dos toreros heridos

BARQUERITO

Agencia COLPISA

FICHA: Pamplona. 4ª de feria, 8 julio 2003. Lleno. Soleado y fresco.
Seis toros de Cebada Gago. Corrida seria de juego, estilo y hechuras varios. El segundo, armadísimo, fue bueno. Bravo el corrido de sexto. Violentos primero y quinto. Manejable el cuarto. Sangrado el tercero, andarín y a la defensiva.
Pepín Liria, una oreja. Herido grave en el bíceps del brazo derecho, pasó a la enfermería. Luis Miguel Encabo, que mató los toros jugados de pares, vuelta, silencio y una oreja. Herido grave en el muslo derecho por el sexto. Gómez Escorial, silencio y vuelta.

Dos impresionantes cornadas. Pepín Liria se llevó una en el embroque de una estocada extraordinaria al primero de la corrida de Cebada Gago, que fue un toro muy violento. Descarado, cornalón, con la cara por las nubes, se movió y revolvió con agilidad, pegó testarazos terribles y no humilló ni una vez. Pepín, tragón y emotivo en faena de una pieza por su seria decisión, se fue tras la espada con sorprendente calma y por derecho. Una de las estocadas más difíciles de su impecable historial. Pero esta salió muy cara. El toro lo prendió por el chaleco, debió de escurrirse por la chupa de la chaquetilla y al fin hizo carne en el brazo. Vino a caer rodado sin puntilla.
Pero antes de rodar el toro, Liria, que sangraba a borbotones por el brazo, estuvo a punto de desvanecerse. La escena tuvo el acento heroico propio de ocasiones tan dramáticas. Sus muchos fieles la habían cantado a coro a Pepín su himno de Pamplona, «¡Pe-pín, Pe-pín, Pe-pín…!», a principio de faena. Con ella vibraron porque fue toda de arriesgar sin cuento. Cuando se produjo la cornada, la conmoción fue volcánica. Un alarido brutal.
La otra cornada se la llevó Luis Miguel Encabo cuando ya la corrida estaba acabándose. La cogida de Liria obligó a Encabo a matar tres toros. Con eso se corrieron turnos y el anunciado como quinto se jugó de sexto. Fue toro importante. El mejor hecho de los seis, el más completo, el más fiero también. El toro de la corrida. Tras faena de intermitente son, y algún momento grande con la derecha, Encabo se volcó con la espada. Entrega semejante a la de Pepín. No tan parecidas las circunstancias. Porque ese sexto no tenía ni la envergadura ni la violencia del primero. En realidad, Encabo salió del embroque limpiamente, pero basta una duda de solo un segundo en la salida para que el toro se revolviera, lo viera y lo prendiera por el muslo. La voltereta fue brutal. Encabo aguantó de pie hasta ver doblar al toro, que tardó en hacerlo, pero ya hizo gestos visibles de que iba malherido.
Azares del destino. La última vez que Liria y Encabo alternaron juntos fue hace poco más de un mes en Madrid. Con una corrida de Adolfo Martín. Y los dos salieron heridos. Frío el público de Las Ventas aquella tarde. Aquí, no. Cuando la gente vio a Encabo zarandeado, el calor de ambiente se disparó hasta estallar. Y cuando el marcador electrónico anunció, antes de que se soltara el sexto, que la cornada de Pepín no revestía especial gravedad, tendidos, gradas y andanadas celebraron la noticia con una ovación. El coro de tres o cuatro mil fieles de Pepín cantó de nuevo su himno.
La corrida de Cebada Gago no fue sencilla. El segundo, con finísima artillería en la cabeza, resultó ser un toro particularmente noble. Encabo anduvo con él seguro y fácil en faena no demasiado atendida. El mismo sexto, que vino a morir a tablas, fue toro de notable estilo. Listo siempre para ir. Los dos resultaron toros de público, de ganadero y hasta de torero.
Los otros cuatro, no. El que hirió a Pepín por ser lo que fue. De arreones. El tercero, molido en una primera vara brutal, se puso andarín y se defendió enseguida. El cuarto, un raro ejemplar muy hocicudo raro en lo de Cebada, galopó en banderillas pero tuvo en la muleta entrega y poder menores. El quinto tuvo un remate de muletazo brusquísimo. Por las dos manos. Gómez Escorial, muy valiente pero fuera de cacho, tuvo que hacer esgrima para sortear los trallazos escalofriantes del toro, que fue, además, muy mirón.

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