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El corridón de «Jandilla» y el milagro de Dávila Miura

Carlos Polite

Diario de Noticias 13 julio 2003

Me importa un comino que desde el revisterío del taurinismo nos lleguen noticias de que los toros de Jandilla, en las ferias previas a los Sanfermines, adolezcan de presentación, casta o nobleza. Da la impresión de que la fauna y flora de los depredadores que controlan la Fiesta desean arrojar al estercolero una vacada que en los últimos tiempos no conecta con la desaforada avaricia de los caciques del escalafón.

Panorámica de la Plaza de Toros de Pamplona (Dani Cardona, Reuters)

Panorámica de la Plaza de Toros de Pamplona mientras toreaba Dávila Miura (Dani Cardona, Reuters)

Ellos se lo pierden porque en la tarde de ayer y en ferias pasadas, nos lo pasamos de coña con la actitud, en algunos momentos superba, de los hermosos bureles criados en los antiguos predios de la laguna de La Janda. Borja Domecq Solís nos envía sistemáticamente a la Feria del Toro un encierro de trapío irreprochable y presumo que de reatas señeras en la historia de la ganadería. Comento este último detalle porque en la tarde de ayer abrió plaza un hermoso cuatreño de capa jabonera sucia, recuerdo imperecedero de los orígenes veragüeños de la vacada. Sus hechuras armónicas causaron estupor en el coso, además de sus pautas de toro bravo y encastado. La capa fue lo que se denomina genéticamente un salto atrás, pero el resto es la solución final de una selección irreprochable.
Lo asombroso de este asunto es que todos, insisto, todos los componentes del armónico sexteto, como diría un viejo revistero, tuvieron mucho que torear. Y sistemáticamente, cuando tal situación acontece, los toros suelen vencer por goleada escandalosa.
La tarde, por cierto amenazando lluvia, se diluía entre el quiero y no puedo -léase impotencia- de los oficiantes del rito, incapaces de estar a la altura de la dignidad de sus víctimas propiciatorias. Dávila Miura no se acopló ni por el forro con el fastuoso pitón derecho del jabonero Austero, y para más inri marró con la tizona. Miguel Abellán se puso en plan chorra con Zarabando y en vez de empecinarse en el toreo compacto y corajudo, le dio por los molinetes y demás gilipolleces. Lamentamos el medio sablazo con ingnominia, con el que mandó para estofado al inocente animalico. Matías Tejela no le fue a la zaga porque el sorteo le endiñó a Triguero , negro como boca de lobo, y cuasi masacrador del divinoguipuchi Madina. Apunto que el burel fue recibido en el ruedo con alborozo por parte de la solanera. Que el señor Madina tome nota cuando se recupere. Al señor Tejela, el cuatreño no le gustó ni un pelo y demandó masacre en varas y resto de la lidia a la carrera. El toro lo dejó con el ipurdi al aire.
Pero, amigos míos, en nuestra Monumental necesitamos de cuando en vez un milagro, y eso, afortunadamente, eclosionó mientras Olivarero se paseaba en plan fanfarrón por el coso, y el coro se disponía a dar buena cuenta de las viandas y a pasar olímpicamente de los aconteres de la lidia. Pero Eduardo Dávila Miura se aposentó en la boca de riego y llamó la atención del fogoso burel desde la larga distancia. Al tercer muletazo con la mano derecha, el personal santo se quedó perplejo y comenzó a soltar olés inconexos, que consiguieron ritmo y compás con la segunda tanda. A partir de ese momento el toreo serio, profundo y sin una sola concesión a la galería del nieto de don Eduardo Miura, provocó el delirio cuando despenó al noble Olivarero de una estocada soberbia y de efectos fulminantes. A partir de ese momento, el personal se puso cachondo y en el resto del festejo asistimos a los efectos de la emulación y a las actitudes desaforadas y excesivamente triunfalistas. Chapeau a Dávila Miura.

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