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Sensibilidad del coro pamplonés para con el bravo Pepín Liria

Carlos Polite

Diario de Noticias, 9 de Julio de 2004

Fue una tarde plena de emociones, cargada de sensaciones para provocar descargas de adrenalina dispuestas para completar la cisterna de un trailer. En un coso como el nuestro, cuando por chiqueros aparece el toro con trapío armónico, romana no desmadrada, fenotipo de la casa matriz y elevadas dosis de movilidad, casta, goterones de picante y hasta algo de mala leche, las sensaciones que demanda el devenir de una corrida de toros pueden llegar hasta el paroxismo.

Toro de Cebada Gago

Toro de Cebada Gago

En la tarde de ayer dos momentos puntuales justificaron la tremenda sensibilidad del coro pamplonés. Fueron suficientes para desbaratar la opinión de los que satanizan nuestra Feria por aquello de la solanera supuestamente asilvestrada y fuera de control, amén de zonas umbrías ocupadas por especímenes más sosos que el clásico calabacín. El primero aconteció cuando el bravo murciano Pepín Liria se estaba jugando la vida peleando con el marrajo Sorprendido , toro avieso y dispuesto a morir matando. La plaza coreaba su nombre y cuando en vez de liquidar al rabizo con un sablazo en los blandos, se empachó de vergüenza torera y pasó el fielato del pavoroso pitón derecho con una estocada plena de ortodoxia que le costó una cornada, que en principio presumimos grave. Mientras el toro doblaba y los colegas lo llevaban en volandas al hule , el pueblo santo reaccionó al unísono y a pesar de que el trasteo, más que una faena en condiciones había transcurrido en plan pugilato, demandó por aclamación y volatines de pañuelos rojos la concesión de trofeo para honradez y la hombría de un torero como Pepín Liria. Desde el palco acataron la voluntad popular y el torero de plata Sr. Casanova paseó con orgullo el premio a su maestro. Fueron momentos muy emotivos en el inicio del festejo.
Toleramos pacientemente el transcurso del festejo observando cómo los bureles astifinos fagocitaban sin piedad el ánimo de los matadores Encabo y Escorial.

Pero por el portón apareció a la carrera un toro castaño precioso adornado con dos pitones para provocar pesadillas. Atendía por Tramposo y por fortuna no hizo honor a su nombre porque se comportó delante del tenebroso ente tocado con castoreño como un bravo. Avisó al aturdido Encabo de que deseaba embestir con galanura y el torero madrileño se sintió capaz de ganarse los Sanfermines del 2005 y cuando se decidió a bajar la mano, templar la embestida por el pitón derecho y conseguir la ligazón necesaria, el coro clamó y los olés los hubiera aceptado con placer la mismísima Maestranza.
Los momenticos demuestran que cuando en el ruedo se pasa de la vulgaridad a las actitudes sublimes, lo captamos por pura percepción subliminal.

Ayer disfrutamos o sufrimos, según se mire, de una corrida de toros sin trampa, con bureles que sabemos provocan el terror telúrico y cagalerillas en el callejón. Los cuatreños de Salvador García Cebada desarrollaron todas las actitudes que debe atesorar el toro de lidia. Incluyo en el lote las poses veleidosas, reservonas e incluso las de peligro de alto riesgo.
Intuyo que para el ganadero, las cornadas a Pepín y Encabo las van a utilizar las mesnadas taurinas para catapultar a la vacada hasta el séptimo círculo del infierno. Que me disculpe Federico, pero ayer quería ver a los toreros que creen tener la boca llena de sol y pedernales. Ayer deseé que las figurillas se hubieran apuntado a los cebaditas .

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