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Salió a la arena el toro del cartel

Barquerito

Publicado en El Correo Español – COLPISA (7-7-2005)

Pamplona. 3ª de feria. Lleno. Nublado y fresco. Seis toros de Santiago Domecq. De bellas y diversas hechuras. El sexto, jugado de sobrero, fue el de mejor empleo.  Uceda Leal, silencio en los dos. El Fandi, silencio y vuelta al ruedo. Sebastián Castella, silencio y ovación tras un aviso.

La Casa de Misericordia encargó este año el cartel de la Feria del Toro al más clásico entre los clásicos del género y del gremio: Luis García Campos. El cartel es, sobre todo, un toro. Recién salido y ya estirado. Un hondo y precioso toro salinero. El sexto de la corrida de Santiago Domecq parecía el toro del cuadro de García Campos. No tan ancho tal vez, pero sí de seriedad muy semejante. Al toro de verdad, o sea, no el del cartel sino el otro, le faltaba una pizca de culata. Era, además, algo rabón: de cola sin penacho.

Cartel de García Campos

Cartel de García Campos

El de García Campos tiene una expresión pastueña y dulce. Algo así le pasó a este que iba a ser sexto y último de la desigual corrida de Santiago Domecq pero que sólo fue sexto y no último, porque claudicó, se pegó dos costaladas y fue devuelto a corrales. Habría valido la pena ver el toro hasta el fin. Apostar por él era un riesgo.
En el encierro
Por la mañana en el encierro ese toro corrió como un lebrel y, metido de eje en la manada, pareció un pura sangre en el galope de la cuesta de Santo Domingo y en el del callejón, que son tramos donde los toros se definen. ¿Buen toro? No hizo nada feo sino todo lo contrario. Eso le pasó a la corrida en general. No a todos. Durante del encierro, y en la célebre curva de Mercaderes, uno de los seis toros de la carrera se estrelló contra el vallado y, empotrado contra una tabla de estribo, se tronchó por la cepa el pitón derecho y no fue de la partida en el sorteo. Y el que lo sustituyó, el tercero, fue bien distinto a los demás. En tipo y en conducta. Fue incierto, pegó bastantes trallazos, no salió de fiar. El sobrero, jugado de sexto por el bello salinero, fue casi lo contrario. Un toro noble, con bastante más potencia que los que habían corrido el encierro, que descolgó y humilló. Uceda Leal tuvo que torear de abajo arriba al primero para que no se le fuera al suelo. El cuarto, que tuvo buen aire por el pitón derecho, se lidió en medio del habitual desinterés de la merienda. A Uceda le costó ver del todo el toro. O su mejor pitón.
El Fandi hizo gasto en banderillas pero sin llegar a los alardes geniales de otras veces. Tal vez porque sintió a la gente algo ajena. El segundo de corrida se apagó a las primeras de cambio y no hubo ni porfía. Al quinto le tomó la medida pero abusó de torear al hilo del pitón. Los toros con las fuerzas justas suelen querer ahí menos.
Los méritos más relevantes se los apuntó Castella. No con el complicado tercero, que no permitió confianzas, pero sí con el noble sexto y su buen son. Se lo trajo con ajuste por las dos manos, lo ligó en un palmo, templó a modo. Se pasó de faena y tiempo. Eso pesó.

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