Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

El oficio se aprende, y la actitud, por fortuna, no es mensurable

Carlos Polite

Diario de Noticias 9-7-2005

Comentábamos días pasados que la vacada de Salvador García Cebada, sita en la finca La Zorrera, en los pagos de Medina Sidonia, está satanizada por el submundo de los taurinos. Doy fe de que nuestra Empresa se las ve y se las desea para rematar un trío de matadores digno y capaz de enfrentarse con las astas pavorosas y la casta vibrante de los bóvidos que en la tarde de ayer se pavoneraron por nuestro albero, excepción hecha del torico Mirador, que se coló de rondón sin remate y en plan culo pollo. Curiosamente, fue el garbanzo negro del lote y se nos presentó con capa negra zaína y actitudes de mansedumbre inhabitual en la vacada que nos ocupa. Nadie es perfecto.

Estocada de López Chaves (Juanba Senar)

Estocada de López Chaves (Juanba Senar)

El ganadero estaba muy preocupado por la larga estancia de sus bureles en los corrales del Gas, provocada por el problema del parásito de la lengua azul y el tratamiento que los veterinarios endiñaron a los cuatreños. Opinaba que todo aquello podría afectar a la actitud de los animales durante la lidia. Por fortuna, los armónicos inquilinos de La Zorrera nos depararon una tarde digna de la Feria del Toro, aunque echamos un poco de menos el picante habitual del encaste.

Es un deber de buen aficionado ensalzar la actitud por encima de cualquier planteamiento técnico o pragmático. Todos los oficios disponen de medios adecuados para su aprendizaje y posterior desarrollo. Pero es innegable que la actitud para asimilar y vertebrar dichos oficios no es mensurable. En la tarde de ayer doy fe de la magnífica puesta en escena del trío de matadores para dar de sí toda su capacidad, inteligencia y valor, justificando su puesto en la Feria, el salario correspondiente y el ferviente deseo de retornar a los Sanfermines el año próximo.

Encabezaba la terna un torero salmantino, de aspecto macizo, que atiende por López Chaves. El mozo intentó poner la plaza reventando las calderas, dando la cara a Segador desde la boca de riego. El burel embestía con fijeza y necesitó, como todos los de su encaste, la media o larga distancia. El torero ligó las series despatarrando el compás de forma abusiva y en ciertos momentos descargando la suerte, ya que en el fondo no se fiaba de la tremenda calidad de su oponente. Cometió el error de rematar su trasteo con dos series encimistas que desengañaron a Segador. El chaval esperó el premio justo a su valor y ciertas dosis de torería, y se encontró con un palco insensible, incapaz de reconocer los méritos innegables del mozo charro. Dio la impresión de que estaban contando los pañuelos que demandaban el justo premio. Con Pañolito, cuarto del evento y precioso salinero, también se justificó, a pesar de que la calidad del cebadita necesitó trasteo de altos vuelos.

Fernando Robleño decidió en la tarde de ayer que desea desde lo más profundo de sus entrañas volver a los Sanfermines mientras su cuerpo y su mente aguanten. No es torero de alta estética, ni muchísimo menos, pero procura por todos los medios equilibrar sus escasos bagajes estéticos, con una entrega y actitud que le darán sitio en las ferias de gran calado, donde se lidien vacadas encastadas y a veces duras de pelar.

Finalizo con nuestro torero Francisco Marco, que en la tarde de ayer echó el resto y confirmó que, además de su innegable clase, es poseedor de un espíritu indomable y de valor no catalogable. Esperar a puerta gayola a Liado dio lugar a un momento impactante de la tarde. Lamento profundamente que apenas toree.

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