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El Presidente de Sol, por Miguel Izu

Miguel Izu

Publicado en Diario de Noticias el 11 de Julio de 2006, véase la página web del propio autor:
El alcalde de las Peñas imponiendo un pañuelo

Damián, el alcalde de Sol con Serafín MarínMiguel Izu

El Presidente o Alcalde de Sol, que ambas denominaciones se utilizan popularmente, es un personaje creado tres décadas atrás por un mozo de la peña del Bullicio Pamplonés que responde al nombre de Damián y que por más señas es un catalán que acude puntualmente a Pamplona a disfrutar de los sanfermines desde hace muchos años.

Así como Damián es una persona real que vive las veinticuatro horas de cada jornada sanferminera y asiste a las dos horas largas que dura cada corrida de la Feria del Toro, el Presidente de Sol es un personaje que como tantos otros asuntos festivos vive en el límite de la realidad y de la ficción y sólo reaparece de vez en cuando y apenas por unos minutos. Se manifiesta como presencia sensible y perceptible cuando el otro Presidente (el oficial) ha concedido algún trofeo al matador. Damián, situado allá por la extrema derecha del tendido de Sol, en las primeras filas de la zona del Bullicio, extrae de una bolsa el atuendo de Presidente y se lo coloca. El traje oficial del Presidente de Sol consiste en un frac con pantalones cortos, lo que le da un cierto parecido a Filemón Ciclón, el despistado egiptólogo que conocía Tintín en “Los cigarros del faraón”, complementado con la correspondiente chistera y con una faja roja a modo de banda.

Realizada la transmutación de personalidad, algo así como cuando Clark Kent se convierte en Superman, el Presidente desciende parsimoniosamente al callejón. Los empleados de la plaza reconocen su autoridad y respetuosamente le abren la barrera para que salga al ruedo y cumplimente al matador. El Presidente saluda al torero descubriéndose y chistera en mano. Seguidamente le coloca un pañuelo rojo y le abraza entre los aplausos del público. Después de tantos años los toreros saben que este homenaje forma parte esencial del protocolo sanferminero y que en su vuelta al ruedo deben hacer un alto obligado a la altura del tendido 5. Los fotógrafos también saben que una imagen obligada de las tardes de toros pamplonesas es la del Presidente de Sol agasajando a los triunfadores.

A veces el Presidente sufre cierta competencia desleal en su aproximación al torero. Aunque los espectadores conocedores de las tradiciones saben que no debe darse la tabarra al diestro y que el Presidente representa a todo el público de Sol, hay asistentes que se empeñan en lanzarse al ruedo para cumplimentar por su cuenta al matador y colocarle más pañuelos, fajas o incluso alguna vez una boina, cuando no para colocarle en la mano dudosos regalos o importunarle haciéndole beber de una bota. La Policía Foral y los empleados de la plaza tratan de evitar la invasión pero no siempre pueden conseguirlo, lo que alarga en exceso la vuelta al ruedo y retrasa la continuación de la corrida. Los espectadores se impacientan especialmente y llegan a pitar y abuchear cuando a un torero que esté de moda en las páginas del corazón y de la entrepierna le acosan jovencitas deseosas de darle un par de besos pero ignorantes de las costumbres de la tauromaquia sanferminera.
Finalizada su misión, el Presidente de Sol vuelve a subir al tendido y se desvanece. Damián guarda el traje a buen resguardo de los líquidos y sólidos que suelen desparramarse por las gradas y torna a vestir la blusa de la peña confundiéndose con el resto del público. Sólo si vuelve a triunfar un torero volverá a resucitar a su personaje para repetir todo el ritual.

Algún año Damián ha tenido que atender otras obligaciones y no ha podido quedarse en Pamplona hasta el último día de fiestas. En esos casos se le echa de menos; cuando el matador triunfante pasa en su vuelta al ruedo frente al tendido de Sol se espera en vano la aparición de su Presidente con la sensación de que algo ha fallado. La presencia de algún mozo que baja al ruedo para colocar un pañuelo al torero no suple la ausencia, ni el distante chisterazo del otro Presidente desde su palco constituye homenaje suficiente y comparable para quien logra triunfar en la difícil plaza de toros de Pamplona.
Lo que en su día fue una ocurrencia festiva se ha convertido, como tantas otras ocurrencias, en una tradición sanferminera. Después de tantos años Damián y su doble personalidad se ha convertido en protagonista de los sanfermines, ganándose de forma indiscutida el derecho vitalicio a ejercer como Presidente o Alcalde de Sol. Y la obligación, claro. A estas alturas Damián ya no podría suprimir al personaje y pretender volver a ser un mozo anónimo. Es el precio de la fama.

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