Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Al cielo

A paso de banderillas

Publicado en Diario de Noticias el 13 julio 2006

ACABABA DE CORTAR Salvador Cortés las dos orejas del toro Gavilán. Se fue a los medios, puso su mirada en el cielo y se echó mano y pelúas al corazón. El gesto, de enorme emotividad, no podía ser comprendido por todo el público. Sólo fue interpretado por algunos aficionados. A un servidor se le quebró la voz: estaba brindando el triunfo desde los medios a Marcelino Jiménez Elizagaray, pamplonés fallecido en abril.

Salvador Cortés viene de familia torera. Su padre es Luis Mariscal, quien junto a su hermano Pedro Santiponce dio lustre al escalafón de plata en los años setenta y ochenta. Marcelo, médico estomatólogo, fue siempre amigo de la familia Mariscal. Su amistad y pasión taurina le llevó a arreglar la boca del subalterno por amor al arte. Tras las sesiones de dentista, que duraron una semana, Marcelo y Luis Mariscal se iban de tertulia al Hawai. En esas tertulias de barra los parroquianos aprendieron más de toros que en un Cossío. Las amistades que allí surgieron han sido, tiempo después, los mimbres con los que Cortés forjó su acceso a Pamplona. De la conquista de la plaza se ha encargado él solito.

Presenciamos una corrida de Alcurrucén que dio toros a los que sí hay que enviar al matadero. Un caballo sufrió dos cornadas, como antaño. La nota fundamental, la falta de casta

En la tarde de ayer Salvador Cortés se llevó el toro de la corrida en el momento más propicio. Venía Ponce de estar como la chata con un manso de nombre Coplero . El todopoderoso pegó un sainete que metió al público en la corrida. Probablemente presenciásemos en esa bronca el momento más apasionado de lo que va de feria. Es una pena porque este año hemos visto muchas cosas apasionantes que no han conectado igual con la grada. Ya en el cuarto, Ponce salió con el orgullo herido, cosa que no recordábamos por estos lares. Su faena de unipases fue concluida con una puñalada trapera, de esas que pegan en los ambigús del apartado. Menuda pitada se llevó al salir.

Lo de El Cid merece capítulo aparte: ¿Se imaginan que Poulidor hubiese ganado un Tour? Pues en ese estado de gracia se encontraba hasta hace unos meses el de Salteras. Ahora, en la temporada siguiente, comienzan a verse los pies de barro. Y de qué manera. Su actitud en el quinto, que comparado con lo que llevamos visto era la tonta del bote, dice mucho de su estado. Asustaditos nos dejas.

Ante ese panorama la tarde fue para salvador Cortés. Al toro más franco lo toreó de largo, con actitud, y pasándoselo muy cerca. Con la voluntad de quien quiere llegar. Varias tandas contamos de olés al unísono. En Pamplona mucho. Estocada hasta la bola y dos orejas. Conclusión con pregunta al aire: ¿hemos sido justos con los matadores en días anteriores?

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