Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Corrida anunciada

A paso de Banderillas
Publicado en Diario de Noticias el 8 julio 2008

Era 7 de julio, estábamos en Pamplona y hacía calor. Los sanfermines son una fiesta regida por pautas y tiempos. Cada año suceden las cosas de manera parecida, nos encontramos a la misma gente, en los mismos sitios, haciendo las mismas cosas y lo olvidamos hasta el año siguiente. En la Feria del Toro viene a pasar algo similar.

San fermín 2006, (foto de Mercedes Irujo)

San fermín 2006, (foto de Mercedes Irujo)

La alcaldesa preside el 7 de julio y desata las pasiones habituales. Que una mujer presida una corrida de toros nos parece de lo más normal. En Pamplona llevan más de veinticinco años haciéndolo. Maruja Oyaga rompió el hielo. En otras latitudes lo tienen más crudo. Sin ir más lejos, en Sevilla se estrenó la primera presidenta hace unas semanas. En Madrid ni han olido el palco. Le han dejado subir a una veterinaria… y gracias.

Con la corrida del Marqués de Domecq nos volvió a pasar lo mismo. Despertó ilusiones, le volvimos a ver detalles… y nos volvió a dejar helados. Lo de la falta de fuerzas no es baladí. Lo más suave que puede decirse de estos toros es que son… previsibles. El buen tranco de más de uno se transformó en trote cochiquero.

A lo previsible de los toros sumamos algunas faenas de encargo. Parecían traídas del hotel con el coche de cuadrillas. Egipcio, el tercero de la tarde, embestía haciendo el avión. Galopaba largo y con fijeza. Pero se dejaba el resuello en cada embestida… y a veces parecía agonizar.

Los matadores no estuvieron ni fú ni fá. Mucha juventud, mucha ténica y mucho bostezo. Ni pasión ni emoción. Eduardo Gallo se fajó con el tercero haciéndole faena estándar. Gallo parece el torero que vino del frío. Su ténica y concepción de la lidia son de manual. Método puro. Pero la poca expresividad de sus faenas despierta del tedio a pocos. Se llevó una orejica en el esportón, pero con poco para el recuerdo.

Serafín Marín defraudó. Y eso no estaba en el guión. Su discreto paso por las grandes ferias hacía prever en él mayor entrega. Desde luego ayer no fue su tarde. En el cuarto toro estuvo en ocasiones fuera de cacho. Demasiadas para alguien que debe arrear. Se le escapa la carrera como arena entre los dedos. Casi inédito con el capote, sus faenas no llegaron a ninguna parte. Afortunadamente sigue matando como un tiro. En eso, ayer anduvieron todos finos.

Manzanares dejó buen sabor de boca. Vino con buena prensa. Ha espabilado, decían. Parece ser que sí. Se llevó el peor lote y firmó los muletazos de la tarde. Por lo menos nos dijo algo. Nos dijo que se puede torear con personalidad un 7 de julio y dejar aparcado el estajanovismo en una esquina. Toreó al natural muy bien. Por lo menos con empaque. Quizás tardó en ver los toros, pero cuando se metió con ellos vimos cierta luz al final del túnel. Buena tarjeta de visita en su debut. Los seguidores de Dolls Abellán, su padre, pueden conservar las esperanzas. Salimos y menos mal que todavía era 7 de julio… que esto mejore.

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