Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Francisco Marco

Francisco Marco (Juanba Senar)

Francisco Marco (Juanba Senar)

Cuando Marcelo Jiménez realizaba un gesto drástico, de los de echar la pata p´alante y jugarse algún porrazo, solía presumir de ser torero navarro. Joaquín Vidal, en las tardes en que Sergio Sánchez sacaba la testosterona al entrar a matar,  o la silla al poner banderillas, loaba a los toreros navarros de antaño. Ya saben aquellos legendarios, El Licenciado de Falces y su prole.
Durante muchos años, y probablemente con merecimiento, se ha asociado a los matadores navarros con gentes de mucha bragueta y formas toscas. Bustingorris de la espada y la muleta.

En el año 2000, en su presentación como matador en Pamplona, Francisco Marco rompió el tópico. Cayó en sus manos un toro noble del Capea, Narciso, e hizo el toreo a carta cabal. Templado y en el sitio ligó tandas de las buenas, de toreo caro. En el callejón El Juli y Ponce se fueron esa tarde de vacío. Marco toreó muy bien aunque mató regular. Quien mejor cantó la faena fue, precisamente, Joaquín Vidal. El resto no ahorró alabanzas. Al salir de la plaza el personal estaba alucinado, ¡menuda forma de torear!. A la postre resultó el triunfador de la feria.

Esa temporada, que debía ser la del despegue, no resultó tal. En los despachos, cuentan, desaprovechó la oportunidad de su vida. No aceptó, u otros no aceptaron por él, la entrada en una “casa fuerte”. Mientras, en la arena, toreaba muy bien, pero mataba fatal. Entró poco en el circuito de las grandes ferias, y en las que se anunció pasó de puntillas. Era el momento del carpe diem.

A partir de ahí comenzó el sambenito. Se colgó con descaro el cartel de torero regional: local en Navarra y local en Cantabria. Su calendario empezó a uniformizarse en plazas, hierros y números. Alternó triunfos legítimos con alguna que otra dádiva. A la verónica torea como nadie.

Lo de ser torero de casa no es buen negocio. Francisco Marco, probablemente, tenga el mayor enemigo en sus partidarios. En la prensa le ha salido uno que alcanza la categoría de apologeta. Flacos favores suele hacerle al torero. Tanto lo pondera que no se cree las crónicas ni el tato. A veces la cosa llega al choteo. El matador no tiene la culpa, pero la guasa se hace con su nombre.

Este año ha sacado los pies del mapa. Tras siete años en Madrid ha confirmado. Nunca se sabe si a tiempo. En agosto un toro le dio duro en Estella, lo contó de milagro. El viernes, otra vez en “Las Ventas”, otro leñazo. Tras faena de mérito, la cornada salió en los telediarios. Tras ver las imágenes poca duda queda que el toreo no es un trabajo sino una vocación. Vocación de gentes locas u obstinadas. En invierno Francisco Marco volverá a marchar a Sanlúcar para entrenar sin parar. El año que viene seguiremos esperándolo.

Respeto y honor para Francisco Marco.

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