Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

El siete del siete

Mariano Pascal

“A Paso de Banderillas”, publicado en “Diario de Noticias” el 8 de julio de 2007

SIETE DE JULIO , San Fermín, día del santo patrón. El día en que Pamplona se pone de dulce, se maquea para la ocasión y echa a volar las emociones al oído de una jota. Luego, por la tarde, las emociones marchan al ruedo, a la grada, o al bocata de ajoarriero.

El callejón repleto de taurinos. Pero taurinos de buena reata. En el burladero de la Casa Miseridordia se juntaban ayer los apellidos más ilustres del campo bravo. Desde los Bohórquez hasta la familia Miura. Este año con un nuevo componente. Eduardo Dávila Miura, ya retirado desde octubre, estrenaba sanfermines ociosos. De los de toros, comidas y juergas varias. Como los había soñado en sus años de fatiga.

La ganadera que lidiaba los toros no. Dolores Aguirre pocas veces habrá pisado un callejón. Dolores Aguirre veía la corrida desde una contrabarrera, junto a su marido, Federico Lipperheide. Localidades de mucha solera además. Nada menos que Sebastián San Martín, padre de esta feria, fue el titular de esos abonos.

La de ayer no es una tarde fácil de contar: andaba Uceda muleteando al primer toro, menudo bicho más noble echó la Doña, cuando al aficionado la cabeza se le puso a centrifugar. Si el matador compone muletazos de foto. Si el toro, amén de ser noble, embestía largo a la muleta, como sueñan los toreros, con ese tranco que hizo caro al encaste Atanasio. Si todo en resumen, aparentaba buen son, ¿por qué aquello no funcionó? Quizá a aquello le faltó algo de cozcor y un poco de raza. Pero con un poco más el lío hubiese sido gordo. O no, quién sabe. Especular a toro pasado es cosa de auditores.

El resto de toros gastó peor genio. La corrida, claro, fue dura, pero no aparentó ser tan irreductible como otros años. De las de gladiadores, suele decir el tópico, pero no de escalofrío. Ni los nombres de los toros, ni el juego dado en la plaza, traía recuerdos.

Quizá los gladiadores y los toreros compartan una visión de la vida parecida. Ninguno al saltar a la arena piensa que está trabajando. Son los protagonistas de un ritual. Un peligroso ritual. Y con esa disposición salieron ayer Iván Vicente y Serafín Marín. Pocas dudas, pocos pasos perdidos. Iván Vicente necesitaba reivindicarse, y poco altavoz tuvo. En el haber un quite al toro de Uceda. Serafín Marín recuperó ayer crédito, quedan esperanzas.

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