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Memoria y toreo

Mariano Pascal

Publicado en Diario de Noticias el 15 de julio de 2007

Decía José Bergamín que en el toreo lo que no es milagro es trampa. Lo recordaba el otro día Carlo Crosta, que cada año se viene desde Milán para poder asistir en San Fermín a uno de esos milagros.

De toreo, lo que se dice toreo, el arriba firmante disfrutó ayer un ratico. Sucedió en el tercer toro, en el que Fernando Cruz se enfrentó a Escribo . El Victorino, realmente, valía una perra chica. Pero Fernando Cruz comenzó a cruzarse robándole uno a uno varios muletazos. Las tandas, no se si fueron dos o tres, recordaron lo que es la emoción en el toreo. El mendas echó en falta en ese momento el toreo en redondo que no había visto en días anteriores. Pero como a toro pasado todos somos Manolete, prefirió no especular con cómo hubiese estado Cruz con otros toros de la feria.

Porque esos momenticos como el de Fernando Cruz son los que uno recuerda todo el año, y conforme a estos su cabeza construye esa memoria melancólica que luego resulta tan traicionera. Momentos de toreo que uno va rumiando y aumentado, y que conforman el juicio ante nuevos hechos. Sin ir más lejos, a este cronista, le han marcado unos momentos de toreo en la Feria de Hogueras. Fueron cosa de un torero de allí, de Alicante, y sucedió el pasado mes de junio. El fogonazo le supuso tal deslumbre que lo dejó entre tinieblas durante media feria de aquí. Disculpen pues sus columpiadas, porque seguro las hubo.

Pero volviendo a la feria que acabó ayer, hemos visto muchos toros. Y muchos toros buenos, tanto para el toreo como para el disfrute del aficionado. Mejor dicho los vimos hasta el jueves doce, tarde en la que alguien brindó con agua sin saber la superstición que ello encierra. Lo que quedó después fueron tiempos añadidos.

Y sin embargo a la cabeza del juntapalabras llegan momentos sublimes en la novillada, ratos de valor sincero como el de Rafaelillo, distancias coronarias como las marcadas por Salvador Cortés, estocadas, mano diestra y alguna verónica como las del Cid. Pero no le llega ningún muletazo rematado allá donde la espalda pierde su nombre. Y los echa en falta. Y no sabe muy bien si es porque los toros no lo permitieron, o porque le seguía marcando el recuerdo anterior. Probablemente buscara otro milagro.

Amén de los milagros del toreo hay otros más prosaicos. Este periódico ha estado en la calle todos los días a las 23:35. ¡Enhorabuena a todos!

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