Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Pesadilla en viernes 13

Mariano Pascal

Publicado en Diario de Noticias el 14 de julio de 2007

MARTIN LUTHER KING TUVO UN SUEÑO, e hizo de ese sueño una declaración de intenciones. Él soñó, en la marcha sobre Wasingthon, que los niños blancos y negros juntaban sus manos.

Toro de Bañuelos (Oskar Montero, Diario de Noticias)

Toro de Bañuelos (Oskar Montero, Diario de Noticias)

Yo tuve una pesadilla. Una pesadilla de esas que me provocaban de niño las cenas con huevos fritos. Esas pesadillas que me tiraban de la cama. Soñé que era trece de julio. Soñé con una plaza de toros, la de Pamplona. Soñé que se celebraba la penúltima corrida de la Feria del Toro.

Como en todos los sueños los escenarios cambiaban un poco. La plaza era clavadita a la de Pamplona. Hacía calor, había peñas y los toros estaban presentados de forma fenomenal. Con unas cabezas que les hacía parecer ciervos. Con unos kilos acordes a la Feria.

Conforme saltaban al ruedo comenzaban a arrastrar los cuartos traseros. Tras cambiarse la suerte y entrar los toros al caballo, éstos eran cuidados mejor que en una enfermería.

Pero mi sueño comenzó a tornarse en apocalíptico minutos después. Los toros pasaban del arrastre de cuartos a la cojera absoluta. De cuartos delanteros, de cuartos traseros, en varas, en banderillas o en la primera galopada de la faena. Además el ganadero debutaba, y yo me ponía en su lugar.

Dos de los toros eran devueltos, y sus sobreros correspondientes salían pujantes. Incluso uno de ellos, que hacía tercero bis le hacía sudar tinta al matador en una faena de quilates. Pero los toros titulares volvían a salir por toriles. Y sus reacciones no mejoraban. Un amigo me comentaba que los toros del frío habían llegado congelados, y yo me reía con la ocurrencia. Y a la altura del sexto desde la grada se escuchaban gritos sobre manos negras.

La corrida acababa en un escandalazo de gritos y pitidos a la presidencia, taurinos corriendo por el callejón y aficionados perplejos lamentándose en los vomitorios.

Afortunadamente desperté. Estaba empapado en sudor y me había caído de la cama. Ya era catorce de julio, había dormido treinta horas y pronto olvidé lo sucedido. Jamás quise recordar aquella pesadilla, y menos vivir algo parecido. Dicen los supersticiosos que cuando se sueña con toros debe comprarse lotería. Pero yo, a falta de fortuna, me aboné al número que jugaba el ganadero.

Be Sociable, Share!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *