Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Toreros nuevos, gestos viejos

Mariano Pascal

Publicado en Diario de Noticias” el 11 de julio de 2007

NAVARRO se apellida y es médico de Teruel. Navarro ha cumplido cien años y sigue viniendo a Pamplona por San Fermín. Su cabeza es lucida y sus recuerdos son de tauromaquia añeja. Pero lo más bonito es escucharlo, pues recita sus recuerdos a ritmo de trovador. Ayer mismo recordaba cómo a Gallito estuvo a punto de partirlo un rayo camino de Belmonte de Tajo. Metidos en la harina de las telecomunicaciones, resulta estremecedor escuchar los toros a través de la tradición oral. Desconozco si Navarro sigue siendo aficionado de ferias, pero sería un placer escucharle hablar de matadores como Alejandro Talavante, de cómo empezaron y dónde llegaron.

Juan Bautista (Diario de Navarra)

Juan Bautista (Diario de Navarra)

Pues a cierta tauromaquia añeja recordaba el rictus de Alejandro Talavante tras la muerte de sus dos toros. Y más que a tauromaquia a imágenes longevas. Talavante, cabizbajo, con el mentón hundido, volvía a tablas mirando a la arena con la muleta arrastrando el suelo. Algún observador pudo darse cuenta que, en la fría tarde que ayer, se repetían algunas imágenes que ya captaron Inge Morath y Ramón Masats en los sanfermines de los cincuenta. Aquellos tiempos en que, al corte de un rabo, le sucedía una sonora bronca o un toro devuelto al corral. Y desde luego lo de Talavante no había sido eso.

Talavante ayer hacía el gesto de anunciarse con los toros de Cebada Gago. Una ganadería que, a juzgar por lo visto, no está para hacer gestos sino para apuntarse a matar toda la camada. Talavante, contaban, llegó a la plaza con rictus descompuesto. Los aficionados viejos suelen decir que los toreros realmente valientes pasan el peor trago camino de la plaza, pues son conscientes del miedo que, de verdad, van a pasar.

Al poco de hacerse presente Talavante en la plaza, con un quite a pies juntos, en los tendidos se barruntaba expectación. A lo largo de su faena no se escuchó a una sóla charanga tocar en el tendido de sol, pues toda la plaza seguía pendiente del matador extremeño y de su toreo. Tal era la vitola que arrastraba.  Durante el tercer toro, Talavante citó de lejos a Juguetón, muleteó con lipieza por ambos pitones y finalizó su actuación atravesando al bicho de una fea estocada. Sobrevivir a esa expectación, y hacerlo con un triunfo, es ya un gran éxito. Talavante tiene crédito.

Lo más luctuoso de la tarde vino encarnado en un matador francés muy esperado por los aficionados. Éste no es torero nuevo, sino recién salido de una travesía por el desierto del toro. Un toro jabonero, de magnífico tranco, se le fue sin torear.

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