Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Ver los toros

Mariano Pascal

Publicado en “Diario de Noticias” el 13 de julio de 2007

DE TODAS LAS sapiencias que se reúnen entorno a una plaza de toros la de “ver los toros” es la más complicada. El lector pensará que a este cronista le ha sentado mal el penúltimo cubata. Pues no. Conocer la evolución de un toro, y adivinar su comportamiento, no es cosa de dioptrías. Exige un aprendizaje continuo, y unas fuentes de las que beber que no se encuentran en los libros. No es el mismo toro el de hoy que el de los años noventa. Ni la misma lidia la que llega al público antaño que hogaño.

Jesulín y Ellas (Diario de Navarra)

Jesulín y "Ellas" (Diario de Navarra)

La quietud, echada en falta otros días, volvió a la plaza de Pamplona. ¿Qué cambiaba? Cambió directamente el toro. A la corrida del Marqués de Domecq, que mostró gran clase en las embestidas, le faltó octanaje en las fuerzas. Y esa cuestión marcó del primero al último toro. Salió perdiendo el ganadero, pero no tanto los matadores. Se pusieron guapos, y quietos, desde Jesulín de Ubrique hasta Alejandro Talavante.

Porque ayer, y frente a esa materia prima, vimos a un Jesulín de Ubrique reencontrado ante su plaza. Provocador, comenzando sus faenas en el sol, recibiendo cariño a raudales de todo el graderío. Aplicando esa lidia con la que sacó petróleo durante años. Lidia de enfermero, pero desempeñada con conocimiento y causa. Ni un enganchón, pocos pasos en falso, distancias y terrenos clavados.

De no haber ejercido de pinchaúvas estaríamos hablando de un triunfo gordo y polémico, que, a estas alturas de la vida sacaría, cuando menos, el sentido agudo a la crítica.

Porque, y volviendo al toro, la corrida de ayer tiene algo de regresión. Fue la vuelta a un toro muy en boga hace un lustro, flojo y en exceso noble, que encumbró a un determinado tipo de toreros que ya no están. Alejandro Talavante, quieto, estoico, serio, intentó aplicar su toreo a un toro del marqués de poca chispa. Talavante se dedicó a investigar terrenos, distancias y colocaciones. El público no entró. Faltaba sal.

Sebastián Castella naufragó en el segundo. Que también era toro de fuerzas justas. Aquel día no había ido a clase. En el quinto, tras el comienzo habitual del pase cambiado, Castella muleteó con habilidad y reunión.

Las espadas quedan en alto para esta tarde. Pero será el toro quien primero decida.

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