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En el encierrillo

La cuenta Luis del Campo en su libro “El Encierrillo”: a las diez de la noche del 7 de Julio de 1969, el “encierrillo” se desarrolló con plena normalidad y, como es normativo los toros de Don Álvaro Domecq llegaron al baluarte de la Rochapea se procedió a su recuento. El pastor de turno se restregaba los ojos no dando crédito a lo que veía Contó varias veces los cabestros , cuyo número coincidía exactamente con los que salieron del Gas , pero eran siete los toros que se hallaban encerrados. Al comunicar la noticia a sus compañeros le miraron con sorna , preguntándole cuántas copas había bebido, pero pronto se contagiaron de su asombro.

Todos los bóvidos encerrados eran machos , y tampoco conocían a vaca capaz de parir a burel de cuatro años en cuatrocientos metros de recorrido. El caso resultaba insólito . Escapar o despistarse un toro dentro del recorrido estaba dentro de lo posible, pero nunca encontrarse uno mas de la cuenta. Por otra parte resultaba indudable que aquellos siete cornúpetas hermanos , todos tenían la “oreja derecha rajada” y el signo típico marcado con hierro a fuego del ganadero jerezano cuyas reses pastan en “Torrestrella”.

Las averiguaciones subsiguientes aclararon el peregrino caso. En el Gas se recibieron siete toros de idéntica camada , uno en calidad de sobrero. Ocuparon el mismo corral y nadie se preocupó de separarlo antes del encierrillo. Comenzaron los cabildeos para solucionar el hecho anómalo , y parecía lógico , toda vez que se imponía su traslado a la plaza de toros , celebrar un encierro con siete bóvidos furibundos, recordando que en caso de corridas de ocho toros se corrieron todos conjuntamente. Certeramente Don Ignacio Usechi , en su calidad de miembro de la casa de misericordia , ordenó que se separase el sobrero y se bajara nuevamente al gas , de donde no debió salir.

Hacia las tres de la madrugada del ocho de Julio de 1969 , tras ímprobos esfuerzos para reunir al personal competente y colocar adecuado vallado , Teodoro repitió la hazaña precedente sacando del corralillo del baluarte al sobrero , a quien esperaban los mansos de reserva. Solamente se lamentaban los sufridos servidores de encierrillo y encierro de su agotamiento , de su trabajar incesante.

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