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Un can llamado Ortega

La anécdota la relató Ricardo Ollaquindia en la revista del Club Taurino de Pamplona. En los sanfermines de 1958, en el encierro del 12 de julio, un toro muy remolón no quiso entrar en los corrales. No pudieron hacerlo pasar por la puerta de areneros ni los capotes de Chamaco y Ordóñez, ni la arriesgada labor de los pastores, ni las pelmas invitaciones de los mansos. La prensa comentó así el suceso:
Habían transcurrido unos quince minutos en esta situación (brega de toreros, pastores y cabestros), y entonces ocurrió algo curioso y nuevo en la plaza. Un pastor sacó a su perro de campo, un perro pequeño, de esos acostumbrados a guardar ganado, y ante el asombro y la admiración de la muchedumbre que llenaba la plaza, el simpático chucho emprendió un tenaz y enérgico asedio al toro, mordiéndole en el rabo, en las patas y hasta en el hocico, hasta que el bicho penetró en los corrales seguido por el perro; al cual se le hizo dar la vuelta al ruedo entre las ovaciones de los espectadores.

El perro, según dijo Teodoro Lasanta, se llamaba “Ortega” y era del pastor Esteban Irisarri. El burel díscolo, un miura, se llamaba “Estribero”.

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Una respuesta a “Un can llamado Ortega”

  1. […] Aquel 12 de julio el bicho que salió del anonimato fue un perro. Un perro, pastor de ganado bravo, llamado “Ortega“. El can era propiedad del también pastor Esteban Irisarri. Por lo visto, a los perros que se […]

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