Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Pamplona Revisitada, por Barquerito

El último de los seis toros que Fuente Ymbro lidió en San Fermín se llamaba Pelícano o Pelicano. Número 70, negro listón. ¿O retinto? De agosto de 2003. 545 kilos. Severa armadura, como toro de Pamplona. Una lindeza. Dos puyazos en regla: el primero, de excelente nota. Picó certeramente el Espartaco picador, Manuel Jesús Ruiz; a la segunda vara, administrada, se arrancó el toro solo desde casi el platillo. Fue una pena no verlo puesto propiamente en suerte. Porque se le habría visto galopar. Prontitud, poder, fijeza, recorrido, alegría, elasticidad. Fondo para emplearse y humillar sin desmayo. Ritmo de regularidad sobresaliente. Hizo amago de perderse un poco a última hora pero luego de una faena demoledora primera y más acariciada después. Una faena, por tanto, de las de Miguel Ángel Perera. Del todo rotunda, entre sentencia y poema. Entre lid y doma.

Y Padilla viendo pasar un troro baravo ante sí...

Campohermoso, de Miura (Silvia ollo)

Una estocada ligerísimamente desprendida. Rodó el toro. Se ovacionó el arrastre pese a que justo cuando toca arrastrar un sexto toro en sanfermines las fanfarrias y los tambores revientan como si anunciaran a la vez el fin del combate y el apocalipsis. Sólo una oreja de premio para Perera. Se quedó cortó el presidente. Casi unanimidad hubo entre aficionados, jurados, peñistas y otras aves de paso para elegir a Pelícano o Pelicano como el toro de la feria. De la Feria del Toro, que es lujo doble. Y, entonces, podría parecer que haberle cortado una oreja y no dos a tan bravo toro entraña un reproche. La faena se vivió con desatado clamor. El propio de los grandes trabajos de Pamplona.

Los cabales reclamaron esa segunda oreja que los presidentes se reservan como potestad de gracia intransferible. Es su criterio. Perera dijo luego que “esto está como está por las manos en que está” y todo eso. No tiene arreglo. Ninguno de los veintidós matadores de toros anunciados y vistos en Pamplona este año han llegado al premio de las dos orejas en un solo toro. Para Padilla en tarde de insuperable turbulencia llegó también a pedirse la segunda oreja de un quinto toro de Miura llamado Campohermoso o Campo Hermoso. Otro toro extraordinario, que compitió por cierto con el Pelícano o Pelicano de Ricardo Gallardo en la ronda final de todos los premios.

El de Fuente Ymbro fue, por ser cosas, el mayor protagonista entre los cuarenta y ocho toros que a lo largo de ocho madrugadas hicieron la sagrada carrera desde la corraleta de Santo Domingo hasta los corrales de la plaza de toros. Los encierros de 2008 han sido, en promedio, los más veloces de todos los tiempos. Es decir, desde el día en que empezó a cronometrarse la carrera. Además de los más veloces, los que menos heridos por asta de toro han dejado en el camino. Sólo cuatro, la cifra más baja desde 1998. La segunda con menor número de incidentes desde 1984. La relación de traumatismos de toda laya se incluye dentro de otra categoría. Por tratarse de un encierro y no de un toro en lidia. El secreto de la velocidad y limpieza de las carreras de este año está por analizar. Lo harán los expertos después de estudiar detenidamente los vídeos. Habrá que ponderar la aportación del nuevo piso del trazado y de la aplicación de antideslizantes.

La cuadrilla de pastores que controla el encierro en cada uno de sus pasos ha alcanzado un altísimo nivel de perfeccionamiento en el oficio: por la manera de manejar y arrear los bueyes de guía y de rastra, por la forma de librar espacios cuandoquiera que se produzca un percance, por su destreza, valor y calma. A su manera, pastores y bueyes son protagonistas anónimos y secretos del encierro.

El Pelícano/Pelicano acaparó el día 10 de julio portada y páginas interiores de los suplementos en los que a diario los dos periódicos de Pamplona, Diario de Navarra y Diario de Noticias, analizan exhaustivamente el encierro. Rezagado de la manada, el toro que luego vino a copar premios estuvo a punto de volarle la cabeza a un pastor contra el vallado de bajada al callejón. Un pastor de uno de los pueblos huerta de la Ribera navarra, Carcastillo. Humberto Miguel Zubiría, de 34 años. Dieciséis años de experiencia en los encierros. Estaba maniobrando para que no se volviera el toro y en un felino movimiento de muelles se le echó al cuello. Como el abrazo del oso.

Si uno contempla la foto del percance, no entiende que el choque se saldara con un mero roce de pitón en la sien. Ni que, quitado el toro, Humberto Miguel Zubiría, inerme tras el ataque, volviera a empuñar la vara para arrearlo. A un Marcus Donald norteamericano del estado de California y veintidós años de edad, estudiante de museística, le pegó el Pelícano una cornada menos grave en el glúteo. Todavía en la calle Estafeta. Y a un Orestes Prekas, joven corredor de nacionalidad griega, le pegó también un bestial batacazo en el tabique nasal que le estará doliendo todavía. El nombre del toro que hiere se apunta en los libros de anales de sanfermineros. Todo estaba para tachar de pérfido a ese Pelícano de película. Hasta que se puso a galopar después de siete horas largas de estancia en un chiquero. No se entiende.

Un toro Benévolo de Jandilla, de 610 kilos; un Temeroso de El Ventorrillo, de 640; un Mocetón de El Ventorrillo igualmente, y 600 kilos en báscula; un Comadroso de Dolores Aguirre, de 590. Se entiende siempre los pesos del desembarco en los corrales de la Rochapea. Esos cuatro toros y los otros dos tan célebres habrían formado una corrida de hierros distintos antológica. La abundancia ha sido señal distintiva de la despensa torista de Pamplona este año. Vincent Bourg Zocato, siempre inspirado revistero del diario francés Sudouest, para el que lleva cubriendo sanfermines casi cuatro lustros, ha contado que no recordaba una feria con tanto y tanto toro de nota. Para dar, elegir y tomar. Dentro de lo que son los parámetros de la Feria del Toro, naturalmente.

Prueba de ello: el premio para la mejor ganadería en conjunto lo han compartido El Ventorrillo y Miura. Y fue candidata firme hasta última hora la de Fuente Ymbro también. Deslumbrante el debut de El Ventorrillo en Pamplona. Cuatro toros de categoría, una presencia tan cuajada. La gentileza de Antonio Ferrera para lucir dos de esos cuatro toros de categoría. Los arrestos de Salvador Cortés para aguantar la mecha y la cuerda de los otros dos.

Miura dio toros de todos los palos. Los menos propicios para El Fundi; los dos más sencillos dentro de lo que cabe para un Padilla estelar, a borbotones, rebosante; los dos de más correa, fondo y dificultad, porque los dos sacaron bravura encastada y vieja, cayeron en manos de Rafaelillo. En la que seguramente habrá sido su tarde más torera desde que el destino lo llevó a alistarse en la vanguardia de las grandes batallas. Sobresaliente su gusto para torear con pureza y cabeza al sexto miura, que amenazaba con no perdonar ni la mínima duda ni el menor error. Gusto para torear, no defenderse ni atacar. Conmovedora su manera de tragarle al tercer miura su genio de incierto y agresivo carácter. A base de agallas, tensión y juego de brazos. Arriesgada su manera de matar sin esconderse. Pues en feria no bien matada, cinco miuras rodaron de estocada, aunque una de las estocadas le costara a El Fundi una cornada. Dos de ellas llevaron la firma de Rafaelillo. Otras dos la de un espadachín tan seguro como Padilla. Suyo el gesto de matar en los medios el bellísimo Campohermoso de pinta cárdena clara. Que le dobló a los pies y allí mismo. Donde no todos los toros mueren. Sólo los elegidos.

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