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Telegrama de Pamplona, Barquerito

Barquerito

Aplausos, 10 julio 2009

Primero fue la novillada de jandillas charros del hierro de Miranda de Pericalvo. Buena pero frágil. Algo inocua. Un notable quinto de corrida. Tapado, número 52. Coloradito. Y un interesante sexto negro zaino. Corchero, número 34. Hocicudo, largo, fino de cabos. En lo antiguo del Conde de la Corte. Toreó con gusto y ritmo El Payo, que está creciendo. Manejo dulce de los engaños. Mejor con la izquierda que con la derecha, pero le cuesta más ponerse por la mano buena. Es torero con plaza. Estuvo tenso José Manuel Mas. Sin romperse Pinar.

Luego, los rejones y la ración inmensa de Bohórquez en luna creciente. Y después arrancó propiamente el desfile de la Feria del Toro. Muy distintos los tres primeros platos: una del Conde de la Corte muy excesiva, otra de Cebada Gago durísima de manos y de terriblemente díscolo temperamento y una buena de Fuente Ymbro.

En los corrales los del Conde fueron un espectáculo

En los corrales los del Conde fueron un espectáculo (Silvia Ollo)

Clamorosa división de opiniones entre paganos y escribidores. A algunos les encantó la fiereza indómita y la fibra galgueña de los cebadas, toros de mil revoluciones, arteros, torrenciales, incluso violentos. Otros prefirieron el claro son de tres de los toros de Fuente Ymbro, que ha lidiado sólo cuatro años en Pamplona pero con suerte los cuatro. Y cada año de una manera. Esta vez escogió el ganadero tres pastueños, uno temperamental, otro bravo a la clásica y un enorme gigante de 630 kilos que se tronchó un asta por la pala contra el estribo de un picador. Y nunca se sabrá cómo era. El sobrero, playero de amplia cuerda, siendo un toro armadísimo, no le llegaba ni a la suela del zapato al monumental Asiático del Conde de la Corte.

Dicen los ancianos del lugar que nunca en San Fermín se había lidiado un toro con tantísima cara. Ni el famoso miura del año 89, que ha pasado a la historia como el miura de Roberto Domínguez, porque él lo toreó, pasó y mató. Y él sabrá cómo. De toda la tropa en escena, el más brillante y contundente fue Perera, que está que arrasa. Un torero que arrasa no perdona. Se le queda corto cualquier toro porque no hay toro al que no deje zurrado con los siete o diez primeros muletazos por abajo. Apabullante. Gustó mucho el corazón de Luis Bolívar la bélica tarde de Cebada Gago. Se equivocó como un novato Sánchez Vara: por dejarse crudo un toro de interés que ya en banderillas estuvo a punto de comérselo y le pegó luego una cornada en la mandíbula. Cumplió sin ahogarse Diego Urdiales. Ni El Cid ni Castella fueron los de hace un año o dos. Ni remoto parecido. Abellán salió indemne de la pelea con el Asiático inmortal pero a estoque muerto. Serafín Marín hizo cosas muy bonitas. Francisco Marco -grandes apuntes con el capote, una idea bonita- maldijo haberse apuntado a la del Conde: se sangró uno, se paró el otro.

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