Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Pamplona la “Feria del Novillo”, San Fermín 1964.

De siete corridas anunciadas, solamente dos han pisado la plaza. La del Conde de la Corte y los barciales de “Castillejo”. Pero si hemos de ceñirnos al concepto puro del toro, no podemos considerar como tales a los mansos ejemplares de José Luis Cobaleda. Quedamos, pues, que la “Feria del Toro” ha estado representada únicamente por la corrida del Conde. El resto fue una parada de bueyes y cinco novilladas. Novilladas con kilos, pero sin trapío, sin presencia y sin pitones. Puestas así las cosas, llamar a esto “Feria del Toro” suena un poco a broma.

Cartel de la Feria del Toro 1964, (Rafael Martínez de León)

Cartel de la Feria del Toro 1964, (Rafael Martínez de León)

Y no es que trate de censurar a esa entusiasta Junta de la Casa de Misericordia ni al amigo Miguel Criado, encargado de navegar entre los intereses de la plaza y las conveniencias de los apoderados. A las fiestas de San Fermín no le hace falta el eslogan del toro para ser un espectáculo único. Pero si ha de mantenerse la leyenda en los carteles justo es que vengan toros en vez de novillos. Aquí interesa el toro, y da lo mismo el torero, porque la plaza se llena con carteles flojísimos y podrían llenarse otras dos con el público que queda fuera.

Si tenemos en cuenta que durante el encierro los toros se quebrantan (aunque no aprenden, como muchos piensan), es necesario olvidarse de los gustos de los toreros y elegir con tiempo corridas adultas para que puedan con el encierro y luego no se caigan, ni haya que cambiarles con una vara durante la corrida.

Pamplona es, por sus circunstancias privilegiadas, la plaza ideal para lucir y sentir al toro-toro. Ahora, cuando agonizan las fiestas del 64, es el momento de reseñar las corridas que el año próximo tendrían edad, potencia y presencia. Pamplona merece una auténtica feria del toro, porque para ver novillos nos quedan casi todas las plazas de España.

Y, pasando revista a los toreros a lo largo de estas seis tardes, es triste tener tan poco que llevarse al paladar. Mucho trabajador, mucho fabricante de pases y nula, o casi nula, calidad. Pedrés y El Viti han estado en línea de abundancia y de volumen. El salmantino, en la cuarta corrida, por encima del tercer toro, triunfó clamorosamente pero su mérito se ha ceñido al momento de montar la espada. Camino, tendido en el surco de la comodidad, ha dejado escapar cuatro toros, para redondear uno solamente.

Diego Puerta consiguió una oreja del primer atanasio, un toro de vuelta al ruedo, con el que tuvo necesidad de echar las rodillas al suelo en el último tramo de la faena para acabar aperreado con la espada. Fermín Murillo ha estado también dentro de la linea laboral que padece el toreo. De cuatro toros consiguió dos orejas “trabajadas” de los montalvitos.

Curro Girón sigue toreando con el músculo y con la voz. Dos orejas cortó al primero de Domecq, quizá con más reposo que en otras ocasiones, pero ya con menos ánimos y menos facultades que antaño.

Otras dos orejas en cuatro toros se llevó al chaleco Miguelín, y perdón por lo de su chaleco, me olvidaba que torea sin esta prenda. En la misma linea desdibujada de Andrés Vázquez y Zurito anda también El Caracol, al que el pueblo pamplonés, tan generoso él, ha premiado con dos orejas que no pueden ocultar la torpe inseguridad del gitano alicantino.

Las figuras y segundones del toreo han pasado por Pamplona como se pasa por el buzón de correos, a echar la carta de un amigo. Ninguno ha sido capaz de ofrecer una tarde completa con arte y reposo para campear en la Historia. Han faltado detalles de gusto, han sobrado tandas de naturales y derechazos. Nadie ha toreado con el capote y los tercios de quites recordaban más una plaza de tientas (quitar y poner) que la noble competencia de estilos que debe ser este olvidado capítulo de la corrida. Casi todos han usado la espadita de madera y casi todos dejaron la montera en manos del mozo de espadas en vez de llevarla en su sitio.

Esto ha sido artísticamente la famosa feria pamplonica: 42 toros muertos y toreados artesanalmente. ¡Y luego andamos criticando al Cordobés! ¿Y los demás? ¿Se puede hablar de figuras con este escalafón de toreros con valor pero sin clase o de estilistas sin demasiada decisión? Si los toreros trabajan a tanto la hora, al paso que vamos la hermosa plasticidad del lance o el arrebato estético del muletazo acabaran resumidos en un compendio de mecánica y dependiendo de una bolsa de contratación, como dependen los tractoristas y los segadores.

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