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La reventa, Ignacio Cía

Ignacio Cía
Publicado en El País el 5 de julio de 1999

Algunos aspectos de la reventa que seguramente no son conocidos por la mayoría del público. Reventa es palabra que no suena bien, aunque su significado no es otro que vender algo que se ha comprado con anterioridad. Toda la actividad comercial en todas las partes del mundo en el que vivimos está llena de ejemplos. Los grandes negocios siempre se han basado en comprar barato y vender caro. Mas, ¡cuidado!: el que compra una entrada para un espectáculo y la vuelve a vender a precio superior es considerado casi como un delincuente.

Hace unos años, los agentes de la autoridad sorprendieron en los alrededores de la plaza de toros de Pamplona a un conocido reventa que estaba haciendo un favor a unos turistas que acababan de llegar a la ciudad y que, naturalmente, ni habían hecho cola, ni habían adelantado dinero, ni se habían preocupado por nada. Detenido el presunto revendedor, fue conducido a comisaría e interrogado. El hombre trataba de defenderse. Hacía continua referencia a los grandes hombres de negocios. En aquellos días estaban de actualidad geniales directores de banco.

Argumentaba que a estos señores la sociedad les reconocía el mérito y la visión de haber comprado a precio bajo y vender por otro que nada tenía que ver con el que habían pagado, por supuesto, con notable y favorable diferencia que les reportaba beneficios millonarios y les reputaba fama de genios de las finanzas. “A mí, por vender siete entradas para sacarme el pan, me tratan como delincuente“, decía el reventa.

En 1967, cuando se amplió el aforo del coso se produjo el mayor número de lutos de la historia en las familias pamplonesas. Muchos venían a la administración de la Casa Misericordia para justificar que no iban a retirar el abono para aquel año, pues se tenían que ausentar por haber perdido a un familiar, pero pedían que se les reservara el derecho para el próximo. La pretensión era no quedarse con entradas en la mano si, a causa de la ampliación, no se agotaban las localidades como hasta entonces venía ocurriendo; y si se agotaban, garantizar que al año siguiente seguirían disponiendo del abono. No se les admitió la estratagema y no renovaron el derecho. Como consecuencia se pudo atender la petición de nuevos abonos y uno nos aseguró: “Ya tenía ganas, hombre, porque don Fulano -un prohombre pamplonés- todos los años me hacía ir el día de San Pedro a tomar café a su casa y me vendía las entradas con un 20% de recargo“.

Otro año apareció por la administración de la Casa “un señor bien” que se interesó por saber qué dificultades existían para conseguir dos abonos. Cuando se le contestó que nos encontrábamos con serios problemas, insistió en si podíamos informarle dónde podría hacerse con dos y si sabíamos cuánto dinero de más se podía pedir. Luego nos enteramos de que lo que trataba era de saber lo que podrá pedir por vender los dos que tenía a su nombre.

Un industrial que no andaba bien con sus negocios vino a preguntar si era cierto que se vendían abonos con “pasa”.

Cuando le dijimos que algo de esto había llegado a nuestros oídos, preguntó si conocíamos a alguien que comprara, pues sinceramente aquel año andaba mal de medios y no quería desaprovechar la ocasión que le brindaba ser abonado. En la oficina le señalaron que algún revendedor profesional podría estar interesado. Su contestación fue: “Sí, ¡pero será golfo!”.

Señor, te damos las gracias porque no nos has hecho revendedores como ésos.

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