Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Un señor picador, Alfonso Navalón

Alfonso Navalón

Publicado en Tribuna de Salamanca (fecha¿?), u recopilado por alfonsonavalon.com

La feliz retirada de Víctor Cáneva

Es casi imposible encontrar un torero en los poquitos bares taurinos que quedan en Salamanca. Se ha perdido la costumbre de hablar de toros, incluso en Madrid donde ya sólo queda un hotel con torería, después de cerrar el Victoria, donde se vestían Manolete o El Viti y allí teniían su cuartel general como centro de sus desplazamientos en el trajín de la temporada.

En Salamanca sólo se hacen tertulias, muy reducidas en el “Plus Ultra“, en el “Valencia” por el centro y en el “Nachi“, “El Portal” de Miguel o en “La Fresa” por la zona norte. Para comer hay que ir a El Albero, con su rincón dedicado al recuerdo de Julio Robles. Aparte de Adolfo Lafuente sobrevivían los picadores José “El Rubio”, Juan Mari García y Víctor Cáneva. A los dos primeros los médicos le han metido miedo con ponerlos a régimen y darse grandes caminatas. El bueno de Juan Mari estuvo a las puertas de la muerte y ahora ha recuperado el pelo y el buen color. Ya no queda más que Víctor Cáneva que también vive de milagro, después que el toro “Chivito” de Pablo Romero lo abrió en canal de aquella tremenda cornada de Pamplona, atravesándole un pulmón. Da gloria ver todas las mañanas a este jubilado del castoreño, amante de la buena vida, espléndido en las rondas y hablando de toros diciendo lo que siente, sin miedo al qué dirán.

Derribo y cogida de Vicroiano caneva (M. Castell, Diario de Navarra)

Derribo y cogida de Victoriano Caneva (M. Castell, Diario de Navarra)

Ningún taurino se atreve a decir en público lo que piensan del torerín de El Capea: “Y respetaba al padre aunque no me gustaba como torero, pero al muchacho no le veo trazas“. Hace unos días me invitó “a paso de banderillas” (cuando ya eran más de las tres y habíamos terminado la ronda de vinos) a comer al bar de los Carreño (sucursal de Pablo Chopera) y me enteré de la vida de los picadores todavía más que aquella noche en la feria de Palencia con “El Chocolate” desde los que iban por “el túnel” cobrando menos con tal de ir colocados, hasta los que hacían de criadas del matador. De los que pegaban bien a los toros hasta los que no hacían más que cosquillas y escurrían el hombro cuando el toro apretaba. Contaba la anécdota de un picador andaluz muy gracioso que comentaba así las actuaciones de otros compañeros: “Ese cuando pica parece que el toro ha salido de unos zarzales… Porque no le hace más que arañazos“.

Víctor lleva una jubilación apacible y desahogada, porque supo guardar lo que ganaba y aparte tiene una pensión de sesenta mil duros todos los meses, que le permite vivir rumbosamente y ser el primero a la hora de convidar en las barras. Vive solo y la casa se le viene encima desde que se quedó viudo. Puso un cebadero de ganado para darle un porvenir seguro a los hijos pero lo han dejado colgado porque viven de otras cosas. Víctor atiende todos los días al ganado “yo no soy partidario de andar ni hacer ejercicio como otros compañeros. Bastante ejercicio tengo ya con atender a los chotos y mientras pueda voy a seguir porque me da pena venderlo y porque es la única forma de montar a caballo todos los días. Al caballo y al toro le debo lo que soy“.

Víctor tampoco tiene pelos en la lengua para decir lo poquito que saben los cronistas actuales y ya ni se molesta en leer cosas de toros porque se encabrona con las barbaridades que escriben. Cuenta que una vez estaba ajustándose la pierna metálica para un tentadero de machos y dos cronistas de cierto renombre le preguntaron por qué usaba la “mona” en el campo. ¡No habían visto jamás un tentadero! Porque el dinero se gana en los chanchullos de las ferias y al campo sólo va el que tiene afición… o a gorronear una merienda.

Que Dios te dé salud, Víctor Cáneva, picador de dinastía y que recordemos muchos años el susto que nos diste cuando aquel toro de Pablo Romero te perdonó la vida en Pamplona

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