Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

De los jóvenes y los toros

Publicado en Diario de Navarra el 21 noviembre 2008
Extracto de la ponencia “Toros y Juventud” en las VI jornadas sobre ganado de Lidia

Quienes acudían a las plazas de toros en los años setenta afirman ver ahora más jóvenes en los tendidos que antaño. También dicen que ahora ven muchos más coetáneos.

Nuevo en esta plaza  (Jon Setuáin)

Nuevo en esta plaza (Jon Setuáin)

Sin embargo los amantes del tópico dicen que a los jóvenes no les gustan los toros. Lo dicen ahora, también lo decían en los setenta, y lo repetirán mientras no vean las plazas abarrotadas de gentes con acné juvenil. Pero dentro de su visión superficial desconocerán los resortes bajo los que se sustenta la afición a los toros.

Porque, como espectáculo iniciático que es, la afición a los toros vendrá de mucho antes. La fiesta brava es una atracción que se abre a lo ojos de un niño en forma de animal majestuoso. Es esa conversación de los adultos que se sigue en silencio en la sobremesa. Es el esbozo de capotazo que muchos niños, todavía hoy, pegan con las toallas del baño. Es la emoción que siente el día en que un abuelo, un tío o un padre lo llevan por vez primera a los toros. Es esa mirada de admiración de un crío ante un joven vestido de luces, un héroe valiente que no llora cuando el toro le pega una voltereta. Son muchas cosas que el niño no conocerá viendo lucha libre por la tele, películas de dibujos animados o visitando parques temáticos.

Porque serán esos momentos de disfrute infantil los que, pasado el sarampión adolescente, brotarán en la mente del joven aficionado. Un joven aficionado que no habrá hecho sino empezar un camino. Un largo camino en el que nunca acabará el aprendizaje. Un camino a contracorriente de los tiempos modernos, en que todo queremos encontrarlo rápido y a golpe de teclado.

El joven aficionado, dada su condición, tendrá poco dinero. No podrá ver muchos toros en la plaza, aspirará a más. Y en la televisión no encontrará alivio pues, incluso ahí, también es espectáculo de pago. Su disfrute se concentrará en una feria, con varios días concatenados. Y pronto descubrirá la necesidad de compartir, escuchar y hablar lo vivido. Y descubrirá que todas las opiniones, aunque respetables, no son igual de válidas. Comenzará a tener maestros de los que aprender, e irá aprendiendo de ellos sin recibir lecciones. Conversando, pero sobre todo escuchando.

Algunos tendrán la suerte de ponerse delante de una becerra. Y no sabrán cómo quitarse el gusanillo de torear de vez en cuando. Otros sentirán esa comezón el día que corran, a saber dónde o cuando, un encierro. Y todos estos aficionados prácticos respetarán todavía más a este apasionante animal bravo.

Los habrá que busquen completar su afición en el estante de una librería. Y, si están bien asesorados, comenzarán sus primeras lecturas por algún libro que recordarán de por vida. Descubrirán de manos de Chaves Nogales que para ganarse la vida algunos necesitaron un gran esfuerzo. Sentirán, con Pepe Dominguín, cómo en tiempos de guerra unos quinceañeros sacaron adelante su familia con la muleta en la mano. O se iniciarán a la poesía gracias a Fernando Villalón. Alguno quizá desempolve de las hemerotecas los artículos de Joaquín Vidal.

Y accederán también a la lectura de prensa donde, si tienen fino el olfato, apreciarán que alguna de las plumas de la crítica taurina, encierra en sus artículos literatura de amplio calado. Pero ¡ojo!, no tragarán con todo lo que vean, lean o escuchen. Un agudo sentido crítico, donde no hay espacio para el pensamiento único, brota en el interior de cada aficionado.

Alguno fijará su mirada al sur, y conseguirá viajar a alguna de esas dehesas donde se cría el bravo. Dehesas con las que soñó de niño cuando le llevaban a ver los toros a los corrales. Alguno de ellos se hará visitante asiduo. Trabará amistad con la gente del campo. Y con ellos, seguro, aprenderá más cosas que de toros.

Y sus paseos por la calle no serán los mismos. Saludará y departirá con quienes sepa aficionados como él. Y se sorprenderá hablando con amigos de sus padres, o con gentes de la quinta de aquel abuelo que lo llevó a los toros. Frecuentará a aficionados de distintos puntos de España, o de rincones recónditos del mundo. Y ahora que no está de moda, hablará en francés con otros aficionados, los de aquí a lado.
Al contrario que en algunos deportes, nunca acudirá escoltado a la plaza, pues nunca una corrida de toros se ha declarado de “alto riesgo”.

Hablamos pues de una actividad pedagógica, vocacional, ética, estética, crítica, literaria, sociológica, ecológica, cívica y festiva. Una actividad que exige un esfuerzo activo y no asegura recompensa. Una actividad apta para la sensibilidad pero que se atraganta a la sensiblería. Una actividad, motor de una fiesta, que, el día que desaparezca, lo hará forzada sólo por su propio agotamiento. Absténganse pues de atajarla a base de firmas y decretos.

Mariano Pascal

Onda Cero Navarra

Be Sociable, Share!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *