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Del toreo al hilo de la amistad

José Maria Manzanares, liándose el capote (foto: Silvia Ollo)

José Maria Manzanares, liándose el capote (foto: Silvia Ollo)

La familia Dolls es la familia Manzanares. Familia de toreros caros y de gusto. Familia de toreros como José Mari Manzanares que ayer en el tercer toro pegó dos naturales antológicos. ¿Sólo dos?, sí sólo, pero menos da una piedra. La familia es de Alicante. Un lugar no tan alejado de Navarra para ellos. Una familia cercana por muchos vínculos. Vínculos familiares, de amistad, del mundo del caballo y cómo no, del mundo de los toros.

Comencemos por José María Dolls Abellán, Manzanares padre. José María, cuentan, compartió capeas, toros y amistad con un joven pamplonés aprendiz de torero. El joven, de forma simultánea, descolló como un crítico taurino, exigente, en las páginas de “El norte deportivo”. Firmaba como “Mostacilla II”. Tiempo después Manzanares se reveló como un maestro del toreo, y el joven crítico en prestigioso abogado. Su relación continuó por caminos paralelos que, de un modo u otro, nunca se separaron del todo. En los albores de su carrera Manzanares tuvo un ataque de inspiración en la plaza de toros de Tudela. Aquella faena se recuerda por dos cosas: por ser una de las mejores que se han relizado en la “Chata de griseras”, y por haber sido brindada, pese a sus intentos por esconderse, al antiguo jóven aprendiz de torero.

Años después se presentó en la Universidad de Navarra Jose María Manzanares, hijo. Era un novillero prometedor, que acudía a las Jornadas taurinas que durante años allí se celebraron. La adolescencia le había estallado en la cara. Las chicas que por allí andaban no podían imaginar que, con el tiempo, se pegarían por sacarse fotos con él en el patio de caballos. Ni José Mari pensar que, años después, pasaría varias semanas en la Clínica Universitaria aquejado de unos preocupantes síntomas. Pasado un angustioso periodo de observación la enfermedad resultó ser un virus tropical, el dengue, que una vez curado fue solo un lejano recuerdo.

Pero la historia no acaba allí. Porque la familia es amplia. Otro Manzanares, Manuel, quiso ser torero. Torero a caballo. Y, en la que fue la última tarde de luces del padre, surgió el contacto con Hermoso de Mendoza. Manolo Manzanares vino a aprender el oficio a Estella, en la finca de Noveleta, junto a Pablo. Debuta en las próxima Feria de Mont de Marsan. Y fue en esa finca donde se encontaron hace poco el joven rejoneador y el que fuera joven crítico. Porque a veces el hilo del toreo es el hilo de la amistad.

Mariano Pascal, Diario de Navarra 15 julio 2009

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