Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

La admiración en el toreo

El niño se acercó al torero y con gran admiración le tendió la mano. El matador le correspondió con una sonrisa, un apretón de manos y una carantoña. Sucedió en el mes de marzo, en la plaza de toros de Azpeitia. Al niño no se le ha olvidado todavía el gesto amable de aquel matador.

El torero no iba de luces, llevaba traje corto, porque ni siquiera se había celebrado una corrida. Se trataba sólo de un tentadero que, excepcionalmente, se celebraba con público en las gradas. El torero no sólo era anónimo para el niño, lo era también para sus padres y para prácticamente todo el público presente. El matador, que tan grato recuerdo había dejado en el niño, era Diego Urdiales. Meses más tarde , en San Isidro, cogió nombre en la plaza de toros de Madrid.

La carrera de Diego Urdiales fue siempre un camino espinoso. La de un matador que era el único superviviente de la escuela taurina de su pueblo, cerrada ya hace hace años. La de un torero regional. La de un matador al que por lo bajo muchos retiraban. Porque a Urdiales le sucedía como Iñaki Ochoa de Olza, al que los únicos que no le preguntaban por qué hacía lo que hacía eran los niños.

Y llegó su éxito en Madrid, que todavía da y quita a gentes como él. Y como la tómbola toca a quien más boletos compran empezaron a llamar de las ferias y a salir contratos. Y en esa coyuntura se presentó ayer en Pamplona en corrida de susto. Pero como dice la jota donde hay corderos hay lobos, y donde hay rosas hay espinas. Las espinas eran los toros de Cebada, y rosa era el vestido de Urdiales.

Pero antes de la corrida de ayer, pasó Diego un penúltimo trago en Pamplona: la Consejería de Salud organizó un desayuno con la prensa para hablar de cirugía taurina. Se invitó a corredores de encierros heridos, cirujanos, anestesistas y a dos matadores de toros. En la mesa, ante zumos y croissants, varios galenos empezaron a hablar de lo que pasa en sus quirófanos: heridas y cornadas por asta de toro. Incitados por los plumillas fueron relatando las tardes de mayor actividad. A los matadores les mudó la color. El rictus de Urdiales y el de Francisco Marco, el otro invitado, recordaba al de sus caras en el momento del paseíllo. Y es en corridas complicadas como las de ayer, donde ése miedo se corta y respira, cuando más admiración suscitan en los aficionados gentes como Urdiales. Al fin y al cabo los aficionados no somos mas que niños grandes.

Mariano Pascal, Diario de Navarra 9 Julio 2009

Diego Urdiales, (autor: José Antonio Goñi, Diario de Navarra)

Diego Urdiales, (autor: José Antonio Goñi, Diario de Navarra)

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