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Los gozos y las sombras

Joselillo, saliendo de la Plaza (autor: David Artigas, en Diario de Navarra)

Joselillo, saliendo de la Plaza (autor: David Artigas, en Diario de Navarra)

Las corridas de toros son un ceremonial tasado, regulado y reglamentado hasta la extenuación. Si llueve porque llueve, si no llueve porque no llueve. Las corridas de toros se celebran si la autoridad competente lo autoriza. O si los toreros echan la pata p´alante hasta el final. Y ayer hubo matadores que, bajo la lluvia, así lo hicieron. Y con un ruedo que amenzaba ruina presenciamos escenas inverosímiles.

Porque cuando Josellillo decidió torear, o cuando hizo el paseíllo, o cuando comenzó a torear su primer toro no podría imaginar las emociones que iba a vivir en la tarde de ayer. Como cuando se abrió de capa y una charanga tocaba en la andanada una canción de Celtas Cortos. La canción que habla de abril del 90. Y es que en esa época ya llevaria Joselillo la muleta por su casa. Y porque el público no lo sabía, pero era todo un guiño en el ambiente: los “celtas” son de Valladolid, del barrio de Delicias, barrio donde vive Joselillo.

Y, aunque Joselillo no haga mucha vida en ese barrio, no es un torero al uso. Cursa cuarto curso de ingeniería química en Valladolid, y si le quedan algunas asignaturas pendientes, es porque entre torear o hacer exámenes, siempre optó por el toreo. Y esa tabla periódica de elementos que tiene dentro de la cabeza le funcionó perfectamente en la lidia de los toros. Algo que quizá sólo esperase su gente más cercana. Cortando la oreja del primer toro fue un hombre felíz.

E iba pasando la tarde y Joselillo rozaba la puerta grande. Pero, como en el peor temor de los galos, el cielo de Pamplona cayó sobre su cabeza. Con ese aspecto frío y oscuro que tenían las nubes ayer. Con ese tañido de la hora bruja en el que el destino se cruza con la peor de las pesadillas. Y el toro, se fue vivo, tras una faena de éxito. Y Joselillo lloraba. Y en la plaza ya no sonaban los Celtas. Sólo había pitos, broncas y botellazos. Y aunque la afición de Joselillo sea mucha, entre suspender un exámen y dejarse un toro vivo nadie querría estar en la piel del torero.

Y así, llorando, se marchó al hotel. Pensando en cómo lo hubiese podido solucionar. Pensando en los errores cometidos. Y pensando en quién le habría mandado cambiar a su cuadrilla de toda la vida tras triunfar en Madrid. Pensando en que de los gozos vienen las sombras y que ser torero es algo más complicado incluso que ser ingeniero.

Y cuidado que es complicado ser ingeniero.

Mariano Pascal, Diario de Navarra 13 julio 2009

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