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Un torero de patio de colegio

Miguel Abellán, en la puerta de Cuadrillas (Foto: Silvia Ollo)

Miguel Abellán, en la puerta de Cuadrillas (Foto: Silvia Ollo)

De los patios de los colegios salen futbolistas. También salen jugadores de baloncesto o portentos del balonmano. Raramente, que se sepa, salen toreros. Pero en Usera durante algunos años, del Colegio San Viator, salieron varios. Quizá fue por generación espontánea. Quizá porque, cuentan, en las fiestas colegiales había un capea para los alumnos. O quizá porque a los más gallitos del patio les salió la vena torera.

Miguel Abellán era uno de ellos. Quiso ser torero tras ver triunfar a Uceda Leal en Las Ventas. Uceda, cómo no, también era del San Viator. Y a Abellán, al parecer, lo que más le sedujo del toreo fue el éxito. ¿Qué es el éxito en un patio de colegio? pues las zapatillas, la ropa, los bugas, las pibas,o alguna otra cosa que molase en el barrio. Abellán quiso conseguirlo toreando.

Y el chaval decidía, de golpe, salir del colegio y meterse torero. A los meses entró en la escuela taurina de Madrid. Pronto se convirtió en uno de los gallitos, del grupo avanzado. Y en otro patio, en el de la cárcel de Carabanchel, mató su primer becerro. Aquel público estaba formado por presidiarios, en unas becerradas que la escuela taurina daba para ellos. Público peculiar, pero seguramente más agradecido que ninguno.

En la plaza de Chinchón llegó el bombazo. Un concurso de alumnos de escuelas taurinas se celebraba allí. Y el plus daba por la tele el evento sin reparar en gastos. Aquel Abellán de Usera, hijo del Maletilla de Oro, toreaba despacio y muy templado. Todavía hoy los aficionados se acuerdan de aquel temple. Llamó la atención. Victorino Martín, que estaba en el jurado, dimitió de sus funciones y decidió apoderarlo. Y, aunque con el tiempo Abellán cuajó en figura, Victorino ya no estuvo allí para verlo. Llegaron para Abellán los coches de lujo, la admiración en los garitos de moda, y el dejarse ver con señoras de bandera. Con unas cuantas cornadas, eso sí, por el camino.

Océano, el toro herrado con el número 82, también era el gallito en su patio. Si entendemos por patio el cerrado de una ganadería. Desde el invierno hablábamos de él. Desde la gente del toro a los aficionados rasos. Un burel del Conde de enormes perchas. Pero al toro, ayer, le flaquearon las fuerzas. Y a Abellán, en algún momento, las ganas. Fue en el primer turno de la corrida, y la pelea de gallos pronto fue olvidada. Casi como la corrida entera.

Mariano Pascal, Diario de Navarra 8 julio 2009

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