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Un torero en los medios

Salvador Cortés (autora: Silvia Ollo)

Salvador Cortés (autora: Silvia Ollo)

Como ayer, en los medios, Salvador Cortés le había plantado cara a muchos toros. Justo ahí, cuando se está absolutamente solo, dicen que el toreo, el miedo o la emoción se sienten de forma más intensa.

Pero aquella tarde, aunque estaba en la Maestranza y en el centro del platillo, ni estaba solo ni tenía en frente un toro. Quien estaba en frente del torero era un delegado de la autoridad y un retén de antidisturbios. La altura del matador, notoria cuando se enfrenta a los toros, no se apercibía ante aquellas moles uniformadas de azul. El ruedo estaba enfangado y en lo alto brillaba el sol.

Sucedía en la pasada Feria de abril. Cortés y sus compañeros se estaban plantando ante la suspensión de una corrida que ellos consideraban arbitraria. Y allí, sin micrófonos, pero con cámaras que reflejaron la escena, tuvo que escucharse de todo. El culebrón alrededor de las suspensión fue un documental sobre mala praxis taurina emitido en vivo y en directo. Un espectáculo sin guión digno de Berlanga. Afortunadamente la cosa no acabó en problemas de orden público.

Pero el hijo de la señora Salvadora no es el primer Mariscal que se cruza en el ruedo con un antidisturbios. Quiso el azar que Luis Mariscal, su padre, debutase en Pamplona como torero de plata el ocho de julio de 1978. A las órdenes de Manolo Arruza. Mariscal no podrá olvidar jamás aquella tarde, y los pamploneses menos, aunque nadie recuerde ni sus pares ni la actuación de Arruza. Mariscal lo recuerda porque en aquellos días, bajo los cimientos de su casa en Santiponce, apareció una red de alcantarillado romano que superaba con mucho la que disponía el pueblo. Aunque esa historia es mejor escuchársela a él, pues es un magnífico relator.

Por aquella época Luis Mariscal ya era padre de Familia. Padre de una familia que con el tiempo va camino de convertirse en una dinastía taurina. Mariscal, para que sus hijos e hijas pudiesen ver toros sin arruinar la economía familiar, los colocó como repartidores del programa de mano en la Maestranza. Y la afición cundió entre ellos. Los hijos tomaron la alternativas, y las hijas… porque no pudieron. Usos y costumbre lo llaman. Los de una familia del Aljarafe sevillano que ayer escribió la penúltima página de su relación con Pamplona.

Mariano Pascal, Diario de Navarra 11 julio 2009

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