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La Merienda

Miguel Izu

Publicado en Diario de Noticias el 11 de Julio de 2000.

CURSO DE TAUROMAQUIA SANFERMINERA Lección VIII

Esta es una parte esencial de las corridas de la Feria del Toro, aunque con frecuencia es ignorada en los manuales de tauromaquia. Es más que dudoso que la mayor parte del público sanferminero acudiera a los festejos si se suprimiera.

Hincando el diente a la merienda

Hincando el diente a la merienda

La merienda tiene lugar después del tercer toro de los seis que componen el cartel. El buen aficionado debe rechazar terminantemente la costumbre de algunos espectadores, si el tercer toro resulta aburrido, de empezar antes. Una vez que es arrastrado el tercer toro, o cuando se ha acabado de cumplimentar al torero si ha obtenido trofeos, se puede empezar a merendar. Sí que está justificado (por el calor y sobre todo porque estamos de fiesta) llevar alguna bebida que se puede degustar desde el principio hasta el final de la corrida. Las más habituales son el cava, el vino, la cerveza y la sangría, que conviene llevar en un cubo con hielo o de otro modo que permita la conservación a temperatura adecuada. También se pueden adquirir bebidas a los vendedores que las vocean en la propia plaza.

Por su régimen jurídico, hay tres clases de merienda: individual, colectiva e institucional. La más habitual es la primera; cada espectador se lleva la suya. La colectiva es más frecuente en Sol; miembros de peñas o cuadrillas de amigos la preparan conjuntamente; en Sombra suele consistir en una merienda familiar. La institucional es la que corresponde a los palcos oficiales del Ayuntamiento y del Gobierno; tiene la ventaja de que corre a cargo de los contribuyentes y sale gratis a los comensales, pero el grave inconveniente, además de estar en el lugar más aburrido de la plaza, de que suele ser escasa y poco imaginativa.

Desde el punto de vista culinario distinguiremos dos tipos de merienda: de bocadillo y de cazuela, clasificación muy correlacionada con la otra de individual y colectiva. En cuanto a ingredientes, la única norma es que vale todo. Se llevan bocadillos de jamón, de chorizo, de lomo con pimientos, de ajoarriero, de tortilla, de queso, de cualquier cosa que pueda ponerse entre pan y pan, al gusto de cada uno. Lo mismo se puede decir de las cazuelas. Contra la idea de que hay platos que difícilmente se pueden llevar a la plaza, cada vez más se comprueba que hay expertos en catering sanferminero capaces de llevar cualquier cosa: paella, espaguetis, langostinos, caracoles, estofado de toro, marmitako. Simplemente hay que ir bien equipado de material: ollas, tarteras, latas, neveras, termos, platos y cubiertos de plástico, etc. Algunas cuadrillas especialmente organizadas (el que esto escribe tiene la fortuna de ser vecino de alguna de ellas) llegan a la plaza con más pertrechos que si fueran al Everest; una vez desplegados en el campamento base pueden degustar y ofrecer a los vecinos unos aperitivos antes de la merienda (cacahuetes, patatas fritas, vermut); dos o tres platos calientes; postre (los más habituales son tartas y pasteles, aunque también melón o sandía y hasta sorbetes y helados variados); café con pastas, copa (cava, gin-tonic, pacharán, coñac) y puro.

Cuestión crucial es calcular bien la cantidad. Para la merienda individual se recomienda un bocadillo de entre cuarenta y cincuenta centímetros de largo, que permita partirse en dos y compartir o intercambiar con algún otro espectador. Para la colectiva, hay que pensar cuánto puede consumir cada uno de los comensales previstos teniendo en cuenta que estarán muy hambrientos, recordar que pueden aparecer dos o tres convidados imprevistos, y luego multiplicar el total por el coeficiente 1,75 para poder ofrecer a amigos, conocidos y guiris sin merienda.

El verdadero aficionado disfruta la merienda en su localidad. No debe imitar la costumbre de retirarse a los pasillos y escaleras y montar el pic-nic allí (aunque, dicho sea de paso, en Sol se suele agradecer que algunos lo hagan y la segunda mitad del festejo se pueda disfrutar de mayor amplitud en las localidades).

Finalizada la merienda, que puede ser en algún momento entre el cuarto y el último toro, los desperdicios se pueden depositar en cualquier lugar de la plaza, incluso en los contenedores de basura que hay en las salidas. Donde de ninguna manera el buen aficionado debe tolerar que acaben los restos de la merienda es en el ruedo. Aunque algún torero tenga una actuación nefasta no se le deben arrojar. Al finalizar el festejo las brigadas de limpieza se hacen cargo de todo; también hay unos recicladores especializados, popularmente los pies negros, que se anticipan a la limpieza y recogen las sobras aún comestibles, que suelen ser muchas. Si se ha quedado con hambre, no hay problema; ya falta poco para ir a cenar.

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Una respuesta a “La Merienda”

  1. […] no unos tarteras cualquiera, no. Aquí, generación tras generación, hemos aumentado y sublimado el arte de la merienda en los toros. Vamos a la plaza a pasar los mejores momentos del año. Merendamos y bebemos todo tipo de […]

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