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La hora del té

Solo para Mansos

Barquerito

Publicado en Diario de Navarra el 13 julio 2009
Salida de Ermitaño (Eduardo Buxens, para Diario de Navarra)

Salida de Ermitaño (Eduardo Buxens, para Diario de Navarra)

Hacía veinte años que no sembraba tanta cizaña el encierro de los miuras. Un toro provocó  el pánico. Casi siega dos vidas. Se llamaba Ermitaño y, cosas de Pamplona en fiestas, el nombre no se le iba de la boca a nadie a la hora de comer. Manes del torismo. Revisto y repasado en cientos de imágenes, era ya famoso al saltar al ruedo poco después de las siete de la tarde. Que es, en la plaza de Pamplona, como en Inglaterra la hora del té. Más o menos.

Un galán de popa y panza llamativas. Cárdeno calzón. Bragado tan corrido que en los lomos predominaba la pinta blanca sobre la negra entrepelada. Burraco y berrendo. Un cuadro. Calzado de patas: calcetero. Pero no de manos, que eran negras: botinero. Y gargantillo: como un collar de nácar en el pecho. Los rizos del testuz brotaban como agua clara. Rabicano y coletero. Dos astas de bastón. Y pésimas intenciones. Casi deja fuera de combate a Jesús Millán en el tercer lance. Se agarró al piso, o se vino andando o al trote, o sin frenos. Incierto. Se avisó tras un puyazo que cobró protestando, se frenó cuando le convino y, cuando no, pegó zarpazos. Cortó en banderillas, escarbó. Al ponérsele delante el torero de Garrapinillos, al que superaba por el séxtuplo en peso y envergadura, le tomó la medida y apuntó como si fuera el blanco de una diana. Decir que “desarrolló sentido”, según se usa, sería no decir nada.

Este miura pensaba. Y ni Domingo Ortega ni el padre de Domingo Ortega. Cuando veía al torero descubierto, se le iba al bulto en oleada y cortándole el paso. Lo mismo que los pastores y corredores habían hecho con él en el encierro. No la hagas, no la temas. Soltando el engaño y tapándole la cara, Millán le metió media estocada de las que ni duelen. Dolería más el trastazo que se llevó el torero en un embroque al choque. Una estocada desprendida puso fin a la batalla. Se tuvo la sensación de que el toro acusó resabios del encierro. No la agresividad feroz del miura intratable, que los hay. Otra cosa.

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