Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

La montaña rusa

Barquerito

Publicado en Diario de Navarra el 12 julio 2009.

David Mora atropellado (foto: A. ARRIZURIETA para AFP)

David Mora atropellado (foto: A. ARRIZURIETA para AFP)

Fue la mejor corrida de cuantas lleva Dolores Aguirre jugadas en Pamplona. Diez o doce. La cita en sábado de sanfermines es fija. Dos toros de espectacular artillería: el primero, veleto, cornipaso; y el tercero, remangado, moñudo, astifino. Tres más de pedregoso cuajo. El sexto, un Cantinillo de 625 kilos, negro burraco, era de colección. Se entregó en un primer puyazo tan largo que tuvo hasta cuatro fases: carga, recargas, una leve renuncia, suelto el final. Vara memorable que cobró con tino un picador vallisoletano de apellido navarro: Iturralde.

Con tanto toro, espectáculo soberbio. Cuando iba a cortarles las orejas al sexto, Joselillo salió  cogido, pisoteado, volteado y apaleado en un adorno. Templado, firme en embroques de aliento, se trajo al toro por las dos manos, y por abajo. Más embraguetado por la derecha, más despegadito por la izquierda. Por las dos ligó con soltura. Generosas tandas. Ni prisas ni tirones ni pisotones.

Una apertura de faena de rodillas y en los medios fue la espoleta. Se incendió el ambiente de sol, que vuelca la voluntad de la plaza. Antes de plantarse en la tercera tanda, ya estaban rotos de euforia los coros del “¡Oé, oé, oé…!”, un novedoso “¡Jo-se-li-llo, illo-illo-illo…!” muy bien fraseado y el grito de más aliento: el que canta el óle por tiempos a medida que el toro se arranca y hasta el final de viaje y embroque. “¡Ooooooo….lé!”.

La faena fue un chorro. Como la entrega del toro. Y de la inmensa mayoría. Después de la paliza, cambió el signo. Dolido de todo -pecho, espaldas, cuello, brazos y piernas-, Joselillo no encontró manera de pasar con la espada. Dos avisos, el toro en tablas y ya defendiéndose. Y casi se repite la historia de hace un año. Un toro de Dolores y Joselillo cambiando entonces una salida a hombros por tres avisos. Del delirio a la desolación en corto viaje de poco más de tres minutos: cosas que sólo pasan en una corrida de toros. En Pamplona parece un viaje en montaña rusa.

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