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Morante, el deseado

Solo para Mansos

Barquerito

Publicado en Diario de Navarra el 15 julio 2009
Morante de la Puebla toreando al natural (Javier San Martín)

Morante de la Puebla toreando al natural (Javier San Martín)

Al toro de Cuvillo que rompió  plaza lo toreó Morante con fantasía, valor, delicadeza, imaginación, ritmo y compás. Y, por tanto, con clásico sentido plástico. Toreo bello, que parece pintado a pincel y no tan vagamente. También el toro de Cuvillo, colorado y encantadito, pareció que ni pintado. Traído, mecido y acariciado, se avino a tantos primores. Tantos, y tan sutiles, porque Morante se empeñó en uno de sus trabajos de bel canto, divina geometría, calmoso silabeo. Polvo de estrellas. Muy bonito y muy celebrado cada uno de los vuelos como en aleteo de la prestosa muleta de Morante.

El empaque de Morante, su asiento y su teatro, levantaron pasiones. Las andanadas hicieron la ola para celebrar esa gracia tan escuela, tan de Sevilla pero tan propia. Cada vez torea mejor Morante. Y si es Pamplona, en Pamplona, donde se sintió comprendido, abrigado, sentido y acompañado. Querido también. Era el torero deseado.

En finas puntas, intacto como todos los de sanfermines, el toro fue el precisado. Pasajero y placentero, ideal compañero de viaje. Los duendes de la faena, caligráfica, se salpicaron a capricho. Sorpresas de sombrero de mago, una tras otra. Un pisotón a tiempo, embroques ajustados, toreo para dentro incluso en las suertes de alivio. De perfil o con el medio pecho, a pies juntos o a medio compás, Morante planeó como un avión de papel. Muy bonito. Y largo: un aviso antes de montar la espada Morante. Una estocada ladeada, una oreja. Estaban abiertas las puertas del cielo. El cielo de Pamplona, que tiene también su luz.

Después del concierto de Morante –música de cámara-, apareció El Juli. Todo El Juli: su insaciable sed, su desmedida afición, sus ideas, su poder, su talento. Los ases en la manga. El carácter de El Juli, más domado al cabo del tiempo, pero más hondo también. Carácter de figura del toreo: que puede con el toro, con el torero que ha ido por delante y con el que saldrá después, con el ambiente y, si es preciso, consigo mismo también.

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