Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Toros pintados

Solo para Mansos

Barquerito

Publicado en Diario de Navarra el 9 julio 2009
Y junto a la enfermería, donde tocaba, Sandra Arzoz esperaba a "El Cid"

Las asistencian introducen a "El Cid" en la enfermería (Javier San Martín)

Cuando cae herido prematuramente un torero, suele decirse en macabros términos: “…y la corrida quedó en un mano a mano”. No es eso. Pero dejaron de salir por su orden los toros: el lindo cuarto, sardo, se acabó jugando de sexto. Muy notable. Descolgó, se estiró, obedeció y cupo en los engaños mejor que cualquier toro de los llamados de Pamplona. Y no es que éste no lo fuera. Castella corrió con el cargo del que hirió a El Cid, melocotón, y con los dos de nómina, tercero y quinto, los dos buenos. Antes de bailar con la pareja perfecta, el cuartisexto, Manzanares mató dos de muestra de la variedad de esta corrida de El Ventorrillo que voló en el encierro. Bólidos. Burraco de densa badana el segundo, terciado un cuarto retinto de afiladísima cara. Al perezoso trantrán el uno, que escarbó y punteó los engaños pero quiso; venido abajo el otro, que galopó de partida como si estuviera todavía corriendo el encierro, pero se echó de pronto. Cuando iba a rematarlo el puntillero sin haber entrado Manzanares con la espada, el toro se levantó. El canto del cisne fue.

Con su llamativa presencia, los toros, preciosos, llenaron el espacio y el tiempo del espectáculo. Tanto como Castella, que anduvo en categoría: solemne, fino, valeroso, templado, seguro. Sin reparar en la playera cuerna del tercero, que no animaba ni a pintar flores ni a hacer versos; confiado con el quinto, que fue, dentro de su seriedad, toro más armonioso, más sencillo. Como el sexto. O como el tercero, que era un cisne.

La calma fue razón mayor de Castella: en las distancias de aliento o en corto, en el toreo en la suerte natural o cambiado, en los circulares de ida y vuelta, en los ayudados por bajo, en los de compás abierto y en el toreo a pies juntos, con el capote y con la muleta. Seguridad y gobierno. Hermosa la faena del quinto, que no remató con la espada. Poderosa y arriesgada la del tercero, de gran delicadeza y, ahora sí, el refrendo de una estocada.

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