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¡Señor, señor! Lo que fue de «Caracorto» a «Cantinillo»

Y Pedro Iturralde pudo emplearse con Cantinillo

Y Pedro Iturralde pudo emplearse con Cantinillo (javier San Martín)

LO QUE ocurrió con los dos torazos de la ganadera Dolores Aguirre es que el primero de los citados perteneció a los morlacos de las lidias imposibles que dejaron escritas las crónicas revisteras de hace más de un siglo. Decían los viejos críticos, como Dulzuras o Don Modesto, que los toros mansos tenían su lidia. Por supuesto que sí, porque ya las viejas tauromaquias de Pepe Hillo y del gran Francisco Montes explicaban que los recursos para vencer a los bureles con tendencias huidizas, ladinas y hasta malignas eran abundantes. Tanto lo eran que servían todas las argucias habidas y por haber para quitárselos de encima. Explico esto porque la suerte de varas para especímenes como el mentado Caracorto no reconoce ni terrenos ni distancias. Hay que arrearles estopa, si es necesario, hasta en la boca de riego.

Aunque el afligido matador catalán Serafín Marín apechugó con el peor lote del sexteto, no debemos satanizarlo, ya que cualquiera de los grandes maestros que yo conocí en mi adolescencia y juventud, si los hados malignos les regalaban con algún morlaco de características similares al mentado, les voy a explicar lo que hacían. En cuanto el torero accedía a la jurisdicción del burel con la muleta armada en la mano derecha, le aplicaba una serie de pases por bajo en plan salvaje hasta que sentía que al canalla encornado le crujían hasta las vértebras del rabo. Una vez realizado tal menester, armaban el estoque de acero templado y revenido. A renglón seguido, le atizaban tal agresión rinconera o en la zona del chaleco, que el traidorena quedaba despenado en cuestión de segundos. Habitualmente aplaudíamos. En estos tiempos, da la impresión de que hay que ponerse bonito delante de cualquier marrajo. Y eso no es así.

Como es habitual, la ganadera nos envió a la feria un lote de cuatreños perfectos de hechuras, con la mansedumbre solapada habitual y con una casta granítica marca de la casa. Es decir, un corridón que los aficionados disfrutamos como los críos con calcos nuevos. Los finolis, sobre todo los de la Villa y Corte, sufren síncopes y anginas en la zona cardiovascular. Que se jodan.

La antítesis del canalla lidiado en cuarto lugar fue Cantinillo, el torazo con la culata lavada en blanco. Su proceder en la deteriorada suerte de varas dignificó la actitud del toro bravo. El amigo Iturralde se comportó como un piquero a la vieja usanza, es decir, lidiar con la vara larga. De ahí viene un suspenso absoluto para uno y un sobresaliente indudable para el otro. Habrá división de opiniones, pero esto es la salsa de la fiesta.

El larguilucho y ya veterano Serafín Marín creo que firmó su finiquito con nuestra feria. C’est tout .

Incidiré, no ya en la torería de David Mora y Joselillo, sino en su disposición, su dignidad por dignificar la profesión más dura que existe en el orbe, y por ofrecernos todo lo que son capaces para intentar en todo momento domeñar la casta y la mala leche de los bureles terroríficos con los que apechugaron en la tarde de ayer. Si todos los matadores tuvieran la dignidad de estos dos jóvenes, la fiesta sería siempre un cúmulo de sensaciones catárticas.

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