Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

El aciago día en que un muchacho fue inmolado

Carlos Polite

Publicado en Diario de Noticias el 11 julio 2009

EN LA TARDE DE AYER, sobre el coso pamplonés planeó el espíritu de un joven alcalareño al que el toro Capuchino destrozó. En los momentos previos al comienzo del festejo, los músicos de la Alegría de Iruña interpretaron el tema mítico del Silencio con tal emotividad que a más de uno nos provocó el hipo y aun la llorera. Fue un momento tremendo. Un momento así es impensable en cualquiera de los cosos del planeta de los toros. Chapeau .

El ganadero Borja Domecq Solís no ha podido acudir a su cita anual con su pueblo. Está recuperándose de un fuerte achuchón que le tiene aparcado en su casa. A tenor del resultado de sus bureles en la tarde de ayer, supongo que el año que viene nos volveremos a ver el careto. Quizás haya sido el sexteto más armónico en el fenotipo de la casa matriz. Además, su trapío fue irreprochable. Otra cosa fue el comportamiento, ya que su pauta resultó variopinta. Como diría el castizo, en las boticas ocurre lo mismo.

Cuando accedió al coso el colorado Capuchino , el coro de nuestra Monumental no pudo evitar una sonora pitada al burel. Todos sabemos que el cuatreño no fue culpable, porque los toros solamente atacan cuando se les provoca o se les lesiona. Todos los animales salvajes actúan de la misma manera.

Y dicho esto, aclaramos que el toro asesino actuó sin resabios y con gran estilo cuando el matador banderillero que atiende por David Fandila El Fandi le enseñó delante de los belfos la pañosa. Lo lamentable fue que durante el tercio de los garapullos, le endilgó unas carreras tan desaforadas, que más que una suerte de banderillas pareció una final olímpica de 100 metros lisos. Todos sabemos que el mozarrón granaíno es un torpoleta con la muleta en la mano. Su estilo es bastante zarrapastroso, y no digamos cuando se empecina en realizar con el capote algún quite por navarras. La risión, oigan. No le vamos a negar su férrea voluntad por complacer al público festero. Lo de Capuchino se lo perdono, pero el despilfarro de la sangre brava, carísima por lo escasa, de Becadito no se lo tolero. De todas formas, el año que viene volverás.

El segundo turno de la lidia lo sufrimos un tanto en la persona de Matías Tejela. Un matador que en su momento prometió tardes felices a los aficionados, se ha estancado en ese desvivir maldito de la inseguridad y el desánimo. Traza perfectamente los pases, pero ya no les da profundidad. Lo observamos perfectamente durante la lidia de Cetrero , que en cuanto se enteró de que su enemigo no le hacía las cosas como él hubiera deseado, se defendió y puso en evidencia la falta de mando del mozo mimbreño. Ocurrió lo mismo con Amante, con el que repitió el mismo andante pero sin moto y la cagó con un bajonazo.

Debutó el jovencísimo Rubén Pinar, conocido por sus actuaciones como novillero. Se metió en el zacuto a la plaza entera, y toreando descargado, pero templando como un consumado maestro, enardeció a las masas y, a pesar de asestarle a Sabueso una chalequera de tamaño natural, salió a hombros. ¡Ojito, joven torero, por engatusar con el toreo camelador, y por lo tanto engañoso, que se ha puesto de maldita moda!

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