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La bochornosa y extraña tarde de una impersonal ‘miurada’

Carlos Polite

Publicado en Diario de Noticias 13 julio 2009

En las tardes cuando el sol hace daño y la bochornera invade todo el entorno, nos sentimos con los biorritmos bajo mínimos, algunos con problemas de locomoción y otros con cizaña en las zonas neuronales. Cuando esto ocurre, ya se sea el bochorno, el poniente, el viento solano o el simún sahariano, nos ataca directamente al aparato locomotor.

Como decía el gran Cañabate, en tardes como las de ayer no embiste nadie. Ni el novio detrás de la novia, y mucho menos los bureles. Esto tampoco es una excusa, para justificar el juego mediocre de mis amados toros de Miura. Hago la salvedad de Heredero , que justificó a la ganadería y a la casa solariega de Lora del Río, Guadalquivir, por supuesto.

Como es habitual los ganaderos enviaron a la Feria del Toro un lote sensacional tanto de hechuras como de capas. Cada salida desde toriles era un espectáculo, donde el fenotipo y la estética llegaban a cotas inaccesibles.

Ayer resultaba muy difícil el analizar punto por punto todas las características, tanto morfológicas como de colorido de los morlacos. He titulado la tarde extraña, porque no estamos acostumbrados a observar las pautas de comportamiento de toros como Doblador y Dondequiera, flojitos de octanage pero de embestida dócil y pastueña. Alguien comentó a mi lado: “Estos miuras me los han trasmutado”. Le contesté: “¡Qué fino te has vuelto Santiago!” Si no arrean gañafones, coces y hasta mordiscos, ya no son miuras. Vaya tela. El bueno de Santiago lo hizo por chincarme.

Dentro de la (por esta vez) mediocridad de los bureles de Zahariche , un cuatreño que atendía por Heredero , cumplió con todos los requisitos que se pueden exigir a un excelente bóvido furibundo. Por lo demás, poco hay para contar.

Por esta vez encabezaba la terna el corajudo, teatrero y camelador Juan José Padilla, oriundo de Jerez de la Frontera, aunque ayer por fortuna no le sopló ni el levante ni el poniente. El único momento en el que enardeció a las masas fue cuando al terminar el segundo tercio a su toro Doblador , nos endiñó en vena el puto par del violín, que los dioses confundan. Vaya en su descargo que el corricolari de Graná es un imitador del ciclón jerezano . Por los demás se limitó al atizamiento de mantazos a sus dos bureles y abandonó la plaza y la ciudad sin haber organizado una de las suyas. Espera hasta el año que viene, majo.

Rafaelillo repitió miurada y actitud ante sus dos oponentes. Desde la corta atalaya de su estatura, supo tomar las medidas tanto de Dondequiera como de Heredero y les aplicó la lidia adecuada, fajándose y consiguiendo momentos emotivos, tanto por la puesta en escena como por una valentía perfectamente controlada por su caletre. Sabe que su corta talla corporal le obliga a la abertura del compás en demasía y a revolverse en momentos como una lagartija. No será ningún problema, si su profesionalidad y honradez sigue como hasta ahora. Y deja de ser un pinchauvas. Por ahí estuvo Jesús Millán.

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