Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Descrédito total de una plaza histórica

Javier Villán

Publicado en “El Mundo” el 15 julio 2009
  • Núñez del Cuvillo / Morante, El Juli y Perera Siete toros de Núñez del Cuvillo, segundo bis, nobilísimos, flojísimos y aborregados. Muy justos de trapío en el límite de lo tolerable; cómodos de cabeza y sin fuerzas ni raza. El mejor, el quinto con más motor. Morante de la Puebla: oreja tras aviso (corta ladeada) y gran ovación con saludos (media estocada). El Juli: oreja (estocada) y dos orejas (media estocada). Miguel Ángel Perera: oreja (estocada) y oreja (estocada).Plaza de toros de Pamplona, último festejo. Lleno en tarde agradable.

Y otros para pegar el petardo

Chistera...

Julián López El Juli y Miguel Ángel Perera desorejaron ayer a sus toros y salieron a hombros. ¿Y qué? Puestos a abrir de par en par Puertas Grandes, también Morante podría haberse unido a la procesión. Después de todo, el sevillano hizo lo más torero de lo que se vio en la tarde. O el mayoral como premio a la borreguez de sus toros; o, si me apuran, hasta el palco presidencial en pleno pese a haber dado una lección de incompetencia total toda la tarde.

Tardará en verse, si es que se ve en una plaza de Iberia, un presidente y unos asesores con criterio tan poco fiable. Decisiones como la de ayer inhabilitan a cualquier aficionado para sentarse en un palco presidencial e impartir justicia. Podrá decirse que la primera oreja es soberanía del público; pero la concesión de la segunda es responsabilidad inapelable de la presidencia.

Si, a tono con el ambiente jaranero, la presidencia no aplica un criterio mínimamente restrictivo, esto se va al carajo. Mal el público ayer y muy mal el palco presidencial. De las seis orejas otorgadas, a mi modesto entender sobran por lo menos cinco. Y quizá me quede corto. Morante de la Puebla estuvo torerísimo en su primero, El Juli estuvo vulgar toda la tarde y en esa línea más o menos anduvo Miguel Ángel Perera, con un par de salvedades o tres.

El primer toro de Morante era nobilísimo, flojísimo y sosísimo: el ideal para un toreo de salón cumbre, que fue lo que hizo el sevillano; el toro de más movilidad y raza le correspondió a El Juli que se hartó de encadenar muletazos acelerados y a distancia; Perera, muy templado en el tercero, volvió a estrellarse con un sexto que se le echó varias veces en el transcurso del trasteo; pero como también le dieron la oreja, esto importa poco.

Aprendí hace muchos años que Pamplona era el templo del toro, el lugar sagrado donde el toro era el rey incuestionable y los triunfos de los toreros, por lo tanto, medallas a la grandeza y a la verdad. Ayer, de golpe, desaprendí (que no es lo mismo que olvidar) todo lo aprendido en lejanos tiempos. Ayer Pamplona cayó a ras de suelo: unos toros borregos y una presidencia irresponsable. Decir plaza de pueblo sería ofender a muchos pueblos.

Ayer, quizá para soltar toda la tensión acumulada en los últimos días, la plaza se relajó hasta lo grotesco; descendió notablemente el nivel del toro con los Núñez del Cuvillo y todo fue manga por hombro. Menos mal que era la última corrida, que si no no sabríamos dónde hubiéramos terminado: se empieza por los Núñez del Cuvillo y se termina con los juanpedros o asimilados.

¿Qué pinta una corrida así en la que dice ser y llamarse Feria del Toro? Pues parece claro: facilitar la presencia en los carteles de tres ases de la torería como Morante, El Juli y Perera para que se harten de dar pases y abran las Puertas Grandes del mundo.

Díganles a estos señores que se apunten a la corrida de Dolores Aguirre, por ejemplo. Y les contestarán que ésa la toreen los desesperados o los ancianos de la Casa de Misericordia, con perdón. Si hay que medir la situación de la Fiesta por el triunfalismo de ayer, apaga y vámonos.

Ayer fallaron todos los estamentos de la Fiesta. Es decir todos los puntales en que debe sostenerse una Fiesta grande: toros, toreros, público y autoridades. Quizás esta relajación sea algún desagravio a las furias desatadas estos días en los encierros. Puede ser. Si así fuera, que los dioses vengativos nos perdonen y que los próximos sanfermines sean menos cruentos en la calle y un poco más serios en el ruedo. Queda excluida de cualquier reproche la corrida de Dolores Aguirre y, en buena parte, la de Jandilla.

Concluyeron pues los sanfermines que con un acierto total, este periódico calificaba el otro día de sanfermines gore, con dos encierros limpios de sangre: los fuenteymbro y los núñezdelcuvillo, ejemplares en la carrera y lamentables en el ruedo: los fuenteymbro por dificultosos y descastados y los núñezdelcuvillo por borreguez nobilísima y absoluta.

Concluyeron los encierros, loado sea San Fermín, y ya no se podrá acusar a este periódico, como me decían algunos mozos a la entrada de la plaza de tremendista. De entrada niego la mayor; estos sanfermines han sido no sólo tremendistas, sino tremendos: horror y terror; vulgaridad en el ruedo y pánico en las calles.

Este periódico sólo ha dado testimonio de ese terror ambiental. Tras las terroríficas fotografías de los días pasados, la gente ya se ha olvidado de las alabanzas que hizo este periódico a una carrera épica de un corredor que, contraviniendo toda lógica y raciocinio, marcó una gesta singular. Lo que este periódico ha hecho no es tremendismo, sino abrir un fecundo debate sobre la posibilidad de eliminar riesgos innecesarios en una Fiesta en la que el heroísmo personal es amenazado por la inconsciencia colectiva y etílica.

Be Sociable, Share!
Etiquetas: , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *