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Pablo Hermoso, el Tomás del toreo a caballo

Javier Villán

Publicado en “El Mundo” el 7 julio 2009
  • Bohórquez / Salgueiro, Mendoza y Galán Seis toros de Bohórquez, que dieron buen juego, en especial quinto y sexto. Joao Salgueiro: silencio tras aviso (pinchazo y rejón) y silencio (pinchazo, rejón y cuatro descabellos pie a tierra). Hermoso de Mendoza: oreja (rejón) y dos orejas y rabo (rejón). Sergio Galán: silencio (cuatro pinchazos y rejón) y dos orejas (rejón).Plaza de Pamplona, segundo festejo. Llenos en tarde fría y ventosa.

Paseíllo de los caballeros (Javier San Martín)

Paseíllo de los caballeros (Javier San Martín)

Hermoso de Mendoza y Sergio Galán, pusieron ayer la plaza boca abajo y salieron a hombros. Hermoso, además, se alzó con el trofeo de un rabo. Llega uno de la vorágine barcelonesa con José Tomás y se encuentra con la vorágine sanferminera en torno a Pablo Hermoso de Mendoza; éste se ha convertido en el José Tomás del rejoneo: carisma y revolución.

La ciudad, tras el chupinazo, la puebla un ejército de derrotados que ya empieza a perder vitalidad tras las primeras horas de jolgorio. Hasta que aparece Pablo Hermoso de Mendoza; cuando el navarro inicia el paseíllo la plaza recupera el pulso vigoroso y volcánico que le es habitual.

Ignoro qué le ocurre a Hermoso de Mendoza este año con los caballos; aún está reciente la gravísima cornada a Patanegra en Las Ventas y ayer pudo ocurrirle algo parecido a Daly, una hermosa e inexperta cabalgadura. Con Chenel lo bordó Hermoso, pero también arriesgó la cornada. Pirata resbaló y quedó a merced del bohórquez.

TARDE ACCIDENTADA

Pero lo verdaderamente espectacular y reseñable fue el virtuosismo de Hermoso sobre Caviar en el quinto: precisión y espectáculo memorable. Cada gesto de Hermoso se convierte en un plebiscito favorable, en una comunión intensa con el público. Cuando fulminó al toro la plaza estalló en una conmoción sin barreras que hizo inevitable la concesión del rabo. La presidencia tampoco tuvo dudas y se consumó así una gesta que nadie discutió, aunque podría ser discutida. En esto también se parece a Tomás: rango de divinidad intocable.

Pero el público pamplonés no es excluyente ni sectario y trasladó parte de este entusiasmo a Sergio Galán cuando éste salió al ruedo para rematar la corrida. Sergio Galán es casi tan torero de Pamplona como lo es Hermoso de Mendoza; digo sólo casi.

Se estimulan en una especie de tácito desafío, y Galán presenta batalla con las mismas armas del de Estella: toreo con la grupa, recortes, exactitud en las clavadas. Hasta coincidió en algún percance; una de sus monturas, Fado, quedó feamente suspendida del asta y con sensación de cornada grave.

Sergio Galán se creció en el sexto y bordó una actuación redonda. El portugués Joao Salgueiro toreó muy bien, pero mató muy mal.

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