Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Dolores, Pilar y Joao

Barquerito

“Las verdades del Barquero”, revista Aplausos 29 julio 2009
Toro de Dolores Aguirre embistiendo por bajo (foto: David Artigas, Diario de Navarra)

Toro de Dolores Aguirre embistiendo por bajo (foto: David Artigas, Diario de Navarra)

La corrida de Dolores Aguirre ha ido al copo de premios en Pamplona. Los seis toros juntos en el cesto o por separado. Con su estilo cada cual. Premios para el conjunto, y para dos de los seis toros: por su casta, fósil vivo y latente de la bravura a la clásica y aún sin pulir. Con su sombra montaraz y díscola, que en los encastes Atanasio se multiplica. Sólo los toros y la corrida de Jandilla le han reñido a Dolores Aguirre los honores, porque la corrida de Jandilla fue francamente buena y dio también toros notables. ¿Tres, dos, cuatro?

No es en rigor una sorpresa que Dolores Aguirre eche en Pamplona una corrida monumental. De las que no se rinden ni dan tregua. De las que llenan la plaza como si la tomaran por asalto y, por tanto, de las que saben y logran provocar a tendidos, gradas y andanadas. A todos a un tiempo aunque no de la misma manera. Desatar pasiones, atraer de magnética manera la atención de más de quince mil almas libres.

En sanfermines previos habían saltado, dentro de corridas de cuajo descomunal, toros de Dolores que se comían un caballo con el picador incluido como si fuera lonchita tierna de mortadela. Y también toros de los que se escupían aparatosamente al sentir el hierro, o de los que mugen, braman, lloran y parecen desafiar con el gesto y pedir explicaciones y árnica a ese público tan circense y tan agudo de Pamplona.

Pero nunca había salido la cosa ni tan rodada ni tan variada. Se ha instalado la fórmula con que definir esa clase de corridas de apabullante cuajo y fiera conducta no indómita. Es muy sencillo. El “espectáculo Dolores”. Igual que se dice el “espectáculo Miura” o el “espectáculo Palha” o el “espectáculo Victorino”. Resulta obligado pedir a los toros espectacularidad, porque se trata fundamentalmente de eso, que parece tan sencillo como la fórmula verbal. Pero no lo es. La fórmula, por cierto, procede del acervo de la Francia taurina, que ha inventado términos como el de los “pitones limpios” o el de “solo contra seis” para definir las corridas de único espada. Y otras cuantas cosas.

Para mandar a Pamplona seis toros hay que trabajar bastante, hacerlo con celo constante y cuidar el género como si fuera frágil. No todos los encastes se manifiestan de la misma forma. Ni en Pamplona ni en otros planetas. Por eso se habla de encastes diferentes. Siendo mayoría manifiesta la línea Domecq-Tamarón en el enjambre ganadero de la Feria del Toro, las propias ganaderías de esa línea se abren en ramas bastante frondosas. Hay una causa relevante: Pamplona paga los toros antes, más y mejor que cualquier otra plaza. Una corrida cabeza de camada no es necesariamente la más grande. Se prefiere incluso que no lo sea. Se escandalizan sólo los fariseos.

Tras el debut tan feliz de El Ventorrillo en los sanfermines de 2008 –brava la corrida, de volúmenes sobresalientes, de movilidad y agresividad armonizadas- muchos esperaban este año, en la repetición y, de paso, defensa del prestigio recién ganado, otra corrida de parecida traza. Si no mayor. La sorpresa fue ver una corrida tan abierta de líneas que a algunos les pareció de otra casa. Matrices y vectores diferentes: los anchos, los largos, los cuadros, las escuadras, los motores, el velamen. Las pintas también. Esa tarde cayó El Cid al embrocarse en sólo el segundo muletazo y la cogida trastocó todo un poco: el orden de los toros, el ambiente, la responsabilidad de los dos matadores que completaban cartel. Todo eso son los imponderables, sin los cuales los toros quedarían despojados de una de sus razones de ser: el azar.

La lista de ganaderías más reconocidas en lo que va de curso y en plazas de distintos niveles es muy diferente a la de otros años. Se habla de crisis ganadera y será  por eso. Pero, si es por eso, no habrá entonces crisis ganadera, sino todo lo contrario. La mejor de las dieciséis corridas de Sevilla fue este año la de El Pilar. Con notable diferencia sobre cualquier otra. Los seis toros fueron de Moisés Fraile pero sólo cinco llevaban el hierro de El Pilar, del encaste Aldeanueva-Fonseca-Juan Pedro Domecq. Hubo uno del hierro del propio Moisés Fraile, encaste Lisardo. Si los seis toros de una corrida no llevan un mismo hierro, el jurado de la Maestranza que reparte los premios de la Feria de Abril la excluye del concurso. Sólo por eso no ha ido El Pilar en Sevilla tan al copo como Dolores Aguirre en Pamplona.

Comparar no es de sabios, ni de necios, pero hay que apuntar una coincidencia: tan espectáculo fue la tremenda corrida de Moisés en Sevilla como la de Dolores en San Fermín. Tan fuerte el sabor del primitivo toro de Juan Pedro no filtrado por Tamarón (Moisés) como el del primitivo Atanasio cruzado con su casta madre del Conde de la Corte (Dolores), tan ajena a la alquimia de Tamarón.

La prueba más notable de esquemas rotos este año se encuentra en el balance de las ferias de primavera de Madrid. Se habla de ganaderías y corridas, y no de toros sueltos, y los nombres del palmarés han sido, por orden de antigüedad, los cuatro siguientes. Juan Pedro Domecq (Solís), Palha, Parladé (Juan Pedro Domecq Morenés) y Alcurrucén. En toros, como en el hipódromo, se cotizan y ponderan de antemano las prendas. Los favoritos de la carrera eran Victorino y Victoriano, o Victoriano y Victorino. Ganador y colocado. O Cuvillo. Pues ninguno de los tres. Tal vez la corrida de Palha quedara desfigurada por el grave percance de Israel Lancho y su coda. Fue, seguramente, la más desigual de las cuatro relevantes. La más fiera. Sólo que llevaba dentro dos de impecable ritmo y no precisamente fiero. La fiereza no es velocidad. El próximo viernes se juegan toros de Palha en Azpeitia, donde el ganadero se ha instalado como emblema del viejo torismo de Guipúzcoa. Del gusto por el toro con carácter.

Si pudieran medirse por algún parámetro razonable el carácter y el sentido de la corrida de Pamplona de Dolores, la de Moisés de Sevilla y la de Joao Palha de San Isidro, se llegaría a conclusiones atrevidas. Pero, antes que nada, a una primera: la crisis ganadera no es tal. La corrida de Alcurrucén, deliberadamente abierta de líneas o sementales, dio en Madrid seis de seis. Que embistieron los seis toros. Dificilísimo. Y eso no le ha pasado en Madrid este año a ningún ganadero. Ni en Madrid ni fuera de Madrid.

Sólo en la cuarta del abono de Santander llegó a semejante dispendio una corrida de Puerto de San Lorenzo de abiertas y lindas hechuras. En ella saltaron tres toros de muy alta nota. Con dos de ellos, se vio de pronto torear a Leandro Marcos con encaje, distinción y gusto dignos de admiración. De mantener a flote a dos que puntuaron menos se encargó la paciencia del Ponce domador. Hubo, además, un quinto bueno. En menos de un mes el Puerto se ha quitado el agreste sabor de boca de sus dos duras corridas de Madrid este año: en Alicante, fiesta cantada por coro general sin discrepancias, y en Santander. Con un detalle de categoría: la fijeza de la corrida en general, su manera de humillar, su suavidad, su nobleza y su manera de repetir. De hacerlo en  bravo y no a cuerda.

En mayo, anteayer como quien dice, tanto Juan Pedro Domecq padre como Juan Pedro Domecq hijo sintieron en la primera parte de sus corridas de San Isidro el peso artillero de sus censores de Madrid, donde el histórico hierro de Parladé llevaba sin lidiar más de setenta años. El hierro de Veragua, no tantos, pero cerca del medio siglo. Juan Pedro padre echó en la propinita del Aniversario hace tres temporadas en las Ventas una corrida buena. Pero no ayudaron los que vinieron a torearla y matarla. En una reinterpretación del toro moderno, Juan Pedro padre acaba de precisar que en la bravura, incluso en la bravura moderna, es imprescindible una gota de fiereza. Y esta vez ha sido, y en Madrid, como predicar y dar trigo al mismo tiempo.

En el arranque de la temporada no fue sorpresa que Victorino echara en Arles la que de momento es su mejor corrida del año y en Castellón dos toros de antología; que en la propia Arles Miura cumpliera con su más destacado envío del año también; tampoco sorpresa que Jandilla y Vegahermosa dieran en Castellón y Valencia ese nivel de regularidad y boyante bonanza que es en realidad el sueño de cualquier criador de toros. Lo que sí ha sido sorpresa y fatalidad es que se torciera el signo de un ganadero que picó alto en marzo y en Valencia: Peñajara (José Rufino). Corrida de cuatro toros de destacado nivel. Y distintos. Pero en Sevilla se cortó el hilo, la imponente corrida de Madrid salió enferma y se derrumbó. Hubo que renunciar a Pamplona, que es cosa dolorosa.

Con letra pequeña pero no menor se ha consignado que en Santander salieron a hombros Fermín Bohórquez padre y Fermín Bohórquez hijo. La corrida de rejones, con un lunarcito y nada más que uno, fue brava. Como lo fue la de Pamplona, pero no tanto toro esta vez. Y en Madrid, en Sevilla, en Arles y en Jerez de la Frontera. Sacaron a hombros al ganadero titular. El hijo del ganadero toreó a caballo muy a gusto un toro de su casa. Y le cortó las orejas.

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Una respuesta a “Dolores, Pilar y Joao”

  1. carlo crosta dice:

    ¡Caramba que bonito aprender de toros y encastes! Es que este BRQ ¡es la pera señores!

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