Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Feria del Toro, Año 50, por Barquerito

Barquerito

Publicado en APLAUSOS. Las verdades del Barquero, 3 de julio de 2008.

La primera edición de lo que se llamó en Pamplona oficialmente y para siempre la Feria del Toro fue la de 1959. La de ahora mismo es, por tanto, quincuagésima edición. Consecutiva. Cincuenta años. El cincuentenario se puede festejar legítimamente dos veces. Este año y el que viene. La historia oficial de la plaza de toros de Pamplona, avalada por la Casa de Misericordia, subraya en su estadística: “1959. Año 1 de la Feria del Toro”. Seis corridas de toros y una novillada de cierre. Las corridas, de Peralta (Contreras), Juan Pedro Domecq, Álvaro Domecq, Pablo Romero, Miura y Garcigrande. La novillada, de Tulio e Isaías Vázquez. Una proporción torista de relevancia.

Cartel de la feria del Toro 2008, Ignacio Cía

Cartel de la feria del Toro 2008, Ignacio Cía

Dieciocho plazas para matadores de toros. Contratados nueve. A cuatro tardes Miguel Mateo “Miguelín”; a tres, Curro Girón; a dos, Chamaco, Gregorio Sánchez, Luis Segura y Diego Puerta, que toreó los primeros sanfermines de su vida y fue sobresaliente figura de la feria; a una solamente Pepe Luis Vázquez, en el año de su esporádica reaparición, Manolo Vázquez y Ramón Solano “Solanito”.

¿Alguna ausencia notable? Primero, la de Antonio Ordóñez, que había toreado sólo un año antes cuatro tardes y magistralmente las cuatro; y tres el año 57; y que era, y sigue siendo, ídolo indestronable de Pamplona. Su palmarés, insuperable: treinta y tres tardes casi siempre gloriosas a lo largo de trece de sus dieciocho años de matador en activo y en temporada completa. Y una segunda ausencia casi igual de lamentable: la de Luis Miguel Dominguín, que entonces llevaba siete años sin torear en San Fermín.

La historia de esas dos ausencias tiene un trasfondo. El verano del 59 fue el tan célebre “dangerous summer” de Hemingway. El verano sangriento, según quiso una traducción atrevida y caprichosa de la serie que el semanario norteamericano Life publicó en tres entregas un año después. “The dangerous summer”. El peligroso verano. El verano de la rivalidad entre los dos cuñados. Una atractiva competencia.

Veintisiete años tenía Antonio Ordóñez, uno menos de los que a fecha de hoy suma El Juli, por ejemplo. Treinta y tres Luis Miguel, tantos como los que José Tomás va a cumplir el próximo 20 de agosto, por citar otro ejemplo. Ocho de alternativa acababa de cumplir Ordóñez en junio del 59. En blanco uno de esos ocho por razones ajenas: el servicio militar. Diez celebrará El Juli en Nimes dentro de diez semanas y sin haber perdonado ni una sola fecha, ni en Pamplona ni en ninguna de las grandes ferias.

Diecisiete temporadas de matador de alternativa contaba Luis Miguel, pero en tres de ellas se había negado a torear en España. Su decimotercera temporada desde la alternativa está viviendo, y agitadamente, José Tomás. Pero con el paréntesis largo de cuatro cursos del todo en blanco. El Juli está como todos los años anunciado en sanfermines. El lunes que viene, con una corrida de Núñez del Cuvillo, ganadería tan del cuadro de José Tomás. Pero José Tomás y la televisión, ahora condición sine qua non en Pamplona, son de repente incompatibles. No antes ni tanto. El duelo sorpresa del último verano fue en Ávila un 17 de julio con José Tomás y El Juli mano a mano con toros de Zalduendo. Se había descolgado del cartel Ponce. Decisión arriesgada y costosa. La historia del toreo está hecha de carambolas. No sólo.

El duelo del que más se habla es, de repente, el de El Puerto de Santa María del 10 de agosto que viene. Toros de Cuvillo precisamente. José Tomás y Morante de la Puebla mano a mano. Los nombres de uno y otro, José Tomás y Morante, figuran en la relación de triunfadores de San Fermín en la segunda mitad de la década del 90. El toro de Pamplona se atraganta. Y las cifras con que en teoría se maneja Morante en el mercado también. Habrán sido similares a las que hicieron a la Casa de Misericordia cambiar de carro y tiro hace cincuenta años. Y cambiar de cartel, velocidad y planes sobre la marcha. Un golpe de improvisación ha sido siempre clave para variar el rumbo de una empresa. Variarlo y asentarlo.

La competencia real o fingida de aquel verano peligroso y sangriento la vivió Hemingway con sesenta años recién cumplidos. Al desafío, que iba a tomar cuerpo y figura después de Pamplona, se le puso un precio. La Casa de Misericordia lo encontró disparatado. Ni Luis Miguel ni Ordóñez. Ninguno de los dos. Y entonces Sebastián San Martín, cabeza pensante de la Casa de Misericordia, se sacó del magín la idea que tapara bocas: una Feria del Toro con mayúsculas.

Es probable que la mitad de esa idea tuviera por padre a un personaje clave en la historia taurina de Pamplona: Miguel Criado Barragán, alias El Potra, conocedor privilegiado del toro, hombre de confianza de la Casa -la Meca- durante medio siglo. Y conocedor igual de privilegiado de los entresijos de la trama del negocio taurino. El prodigio fue casar la ciencia de El Potra con el espíritu filántropo, patricio y de aficionados a la antigua de la gente de la Meca. Resultado: los toros de Pamplona. Con su sello de fiesta inimitable, singular, moderna y clásica. Clásica por moderna o moderna por clásica, como queráis.

Once corridas se habían anunciado en la feria de San Isidro de aquel Año 1 de la Feria del Toro. Un lluvioso mes de mayo. Por lluvia se suspendieron dos corridas y media. En esa media corrida confirmó la alternativa Curro Romero con un toro de Eusebia Galache. Padrino, Pepe Luis Vázquez. La tarde del 19 de mayo. Sólo un año después iba Curro a debutar en San Fermín. Un 11 de julio. La corrida de Juan Pedro. Con Ordóñez y Ostos. “Su toreo es como un resplandor”, matiza aquel día una crónica de Cañabate. En la novillada de aquella Feria del Toro de 1960 se presentó en Pamplona Rafael de Paula. Tres tardes toreó el 59 Antonio Ordóñez en Madrid. Sólo una ganadería lidió en las dos ferias, la del Toro y la otra: Pablo Romero. La de San Isidro, cuenta la historia, se cayó. La de Pamplona fue extraordinaria. Y particularmente fiera.

Lo contó en ABC con rigor ingenuo, noble y cáustico Antonio Díaz-Cañabate: “¡Ah, la fiereza! Aquí está todo el secreto del toreo moderno. Porque los toros no tienen fiereza puede existir el toreo moderno y pueden torear la mayor parte de los toreros actuales. (….) ¿Qué tenían los toros de Pablo Romero? ¿Eran Barrabás y compañía? No. Es muy cómodo y está muy gastado eso de echarle siempre la culpa a los toros. Eran toros con fiereza. Toros a los que hay que torear…”.

Una bronca, para los toreros, de las que hacen historia. Sólo uno de los tres de terna viven para recordarla. Ni Luis Segura ni Miguelín están para contarlo. Miguelín, la baza torera de la Feria del Toro con que Sebastián San Martín cruzó el Rubicón en busca de nuevas fronteras, anduvo sin fortuna. Convaleciente de una mal curada fractura de tobillo -una cogida en Arles tres meses antes-, Miguelín se estrelló contra las circunstancias. Ocho toros, a la deriva en siete, sólo una oreja y baratita. El primer toro de cuantos iba a matar lo cogió feamente. Cuatro años tardó en volver a ser Miguelín anunciado en Pamplona. Cuando la Feria del Toro ya navegaba sola. Y con una corrida de Miura. Un gesto.

El experimento San Martín tuvo por gran adalid a Cañabate. Su autoridad, su pluma, su generosidad desinteresada. “La Feria del Toro”, se titula la crónica del 14 de julio de 1959 en ABC y con la que viene a quedar definido y bendecido el invento. “Siete tardes de toros. Cuarenta y dos toros muertos con varia fortuna. La plaza se ha llenado los siete días. (…) Se ha puesto el cartel de “No hay billetes” en cinco tardes. En una corrida sobró una entrada. El cartel no apareció porque la Junta de la Casa de Misericordia es una seriedad ejemplar. Las corridas han estado soberbiamente presentadas. Muchos toros han sobrepasado los 300 kilos (se entiende peso a la canal). (…) Ninguno ha presentado sospechas de que alguien, alevosamente, manipulara en sus cabezas. (…) Los aficionados al toro deberían premiar los desvelos y el acierto de don Sebastián San Martín y de don Toribio López, lidiadores y artífices de la brillante feria del toro…” Los años dieron a la bendición de Cañabate acento profético. La Feria ha cumplido cincuenta años sin arrugas. No es moda San Fermín. Sino una devoción. Al dios Toro.

Be Sociable, Share!
Etiquetas: , , ,

Una respuesta a “Feria del Toro, Año 50, por Barquerito”

  1. […] relevancia de la relación entre la Casa de Misericordia y Criado es tal que, en palabras de Barquerito, el éxito de la feria es consecuencia del “prodigio de casar la ciencia de El Potra con el […]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *