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Por qué me gusta “La Monumental” de Pamplona

Carlo Crosta


Presidente de la Peña Taurina “los italianos”,   Milano, 10 de junio 2009

Este año, previo al 2010 en el que me caerán encima setenta tacos, caerá también mi cuadragésimo aniversario de asistencia ininterrumpida a los “Sanfermines” y a su Feria del Toro. En realidad el verdadero aniversario cayó el año pasado. Pero mi presencia en las Fiestas de Pamplona del año 1968, fue en completo estado de éxtasis y parálisis cerebral. Entonces no percibía la realidad. Ahora que me he percatado perfectamente de lo que son -“en realidad”- estas Fiestas, quiero explicar porqué me gusta tanto ver toros en la Monumental de la vieja Iruña sin par.

A muchos aficionados no les gusta el ambiente de la Plaza de Toros de Pamplona. «¡Torear es una cosa seria!» «¿Como puedes soportar aquella barahúnda?» «Que asco ¡esa gente no debería de estar en una plaza de toros!». “Und so weiter”, como dirían mis amigos de la Peña Borussia de Mönchengladbach.

Carlo Crosta

Carlo Crosta

Ni que decir tiene que se trata de comentarios de quien nunca se ha ataviado de blanco y rojo, calzando alpargatas de las antiguas. El coso pamplonés, aunque digan que no se le debe llamar de esa manera, para mi es “la Monumental”. Un nombre legítimo. Si la vemos en el mes de agosto, por ejemplo, la Plaza de Toros de Pamplona se nos presenta como un monumento sin vida. Excepto en raras ocasiones, como cuando Rafael de Paula toreó seis novillos en solitario hace miles de años.

La Monumental de Pamplona se anima y vive “de verdad”·quince días al año. Y en estos quince días “vive a tope”. Mañana y tarde todos los santos días de fiestas. Porqué esa plaza de toros no es solamente un coso taurino. Es “un rincón” o si queremos “un momentico” Sanferminero. Igual que el Pocico o la Catedral cuando en ellos bailan los Gigantes. Por esta razón, antes de evaluar el ambiente que suele dar vida a este coso, cada año del 7 al 14 de julio, quizás hay que colocar la Monumental de Pamplona dentro de su embalaje natural. Es decir las Fiestas de San Fermín.

Las Fiestas de San Fermín de Pamplona son diferentes a todas. En ellas hay de todo, como en la viña del Señor. Hay elegancia, devoción, tradición, color, calor y alegría y todo ello ceñido por la locura colectiva de una ciudad entera. Es por tanto normal que esta locura colectiva abarque también “el desarrollo” de su Feria del Toro. Una Feria taurina que también es diferente a todas las demás en el mundo mundial.

En Pamplona, el toro que va a venir se anuncia en invierno, se comenta durante los seis meses de frío, cuando llega se contempla en el Gas, se corre por las calles, se moja con manzanilla en el apartado, se admira y se juzga en la plaza y se come en estofado. Después de Sanfermines. Lo que comemos en Fiestas procede de Burgos.

Como “El desamor” que canta la sevillana, la feria del Toro de Pamplona tiene su cara y su cruz.

La cara” –lo bueno- es que, ante todo, provoca el rechazo previo de quien no se merece estar en ella. Ella solita selecciona.

La Feria del Toro de Pamplona precisa Aficionados con la “A” mayúscula. Es decir personal especial, al que de entrada le guste “el toro”. Un burel con trapío, que no se caiga, que embista, que tenga fondo y que proporcione emoción. Y luego al que le gusten bípedos coletudos con un gran nivel de amor propio. Que tengan valor, maletín repleto de recursos, arte, temple y, sobre todo, ganas de enfrentarse con la materia prima que la Santa Casa de Misericordia les irá suministrando. Porque el toro de Pamplona, digan lo que digan, es casi siempre un toro importante. (En todos lados se dan excepciones).

Me encanta pensar que los toros que vienen a Pamplona se sienten orgullosos de haber sido elegidos. Que tienen ganas de mostrar su valor, su fuerza y su bravura en el duelo con el hombre .Solo sienten que no les dejan salir de noche.

Toros delante de los cuales, desde que me senté por primera vez en la fila 12 del tendido 4, siempre vi colocarse figuras de tamaño natural. Y este tipo de toro necesita de gente extraña, rara y extraordinaria: “el publico de la Monumental de Pamplona”.

El galopante deterioro que la edad provoca en mi chola, me impide recordarlo todo en pocas líneas. En el cajón de mi memoria se amontonan -en total desorden- miles de imágenes fotográficas.

Gente que tuve el honor de conocer, como D. Antonio Ordóñez Araujo, al que le gustaba correr de pastor en el encierro por las mañanas y que, si un día tenia que salir de la plaza cabizbajo, seguro que al día siguiente iba a salir en hombros, como Diego “Valor”, El Viti “Cojonudo”, Julio Robles, Manzanares, El Yiyo, Paquirri, Emilio Muñoz, Antonio José Galán, Juan Antonio Ruiz “Espartaco”, Paco Ruiz Miguel y unos cuantos más.

Toreros que hacían volver al tendido el personal del sol que había salido a merendar en los pasillos. Por ejemplo la tarde que Galán mató aquel Miura sin muleta, bajo una lluvia torrencial y la gente volvió impávida a mojarse hasta los huesos. O como cuando a “El Viti”, (siempre más serio que una estatua), alguien le gritó: «Pero ¿de que te ríes?», mientras estaba dando la vuelta al ruedo. Toreros que tuvieron la suerte de escuchar el «ooooooooolé» prolongado al compás de cada pase de la tanda. O los gritos mexicanos de «torero, torero». O el propio nombre como en los casos de «Pepín, Pepín» o “Eeeeeeespartaco, Eeeeeeespartaco.”

Hay más, la Feria del Toro de Pamplona es la única en la piel de toro en la que se sigue estrictamente la ley (me acuerdo los tiempos de Balañá padre), de guardar puesto a ganaderos y toreros que han triunfado en la feria del año anterior.

A la corrida de toros se le define “Fiesta de los Toros”. ¿Existe alguna plaza de toros en la que se celebren unas fiestas, más fiestas que en la Monumental de Pamplona? Creo que no. Sin más. Y la explicación es muy sencilla. En todas las plazas más importantes como Sevilla, Madrid, Bilbao, Valencia, Salamanca, Nimes, el público acude con expectación hacia el espectáculo al que va a presenciar.

En la Monumental de Pamplona no. Allí se entra para acudir a una de las más importantes funciones de las Fiestas de San Fermín. El Aficionado -con la “A” mayúscula- estará también ojo avizor, pero sabe perfectamente que está participando a una fiesta. ¡Su propia Fiesta!

El 7 de julio, cuando entro por la puerta del tendido 1, se me ponen los pelos de punta y se me cruzan los cables nada más saludar el acomodador y los vecinos de siempre.

La mancha blanca con pancartas y charangas a la derecha, abanicos y nubes de humo a la izquierda y el himno de la Eurovisión, me ponen la piel de gallina. ¡Esto es la Monumental de Pamplona!

La cruz” –lo malo- es que las fiestas de San Fermín y su Feria del Toro, son como el vino: “es peligroso, pero si no te enfrentas con él y huyes, eres un cobarde”.

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4 respuestas a “Por qué me gusta “La Monumental” de Pamplona”

  1. LuisMa dice:

    Se habrá recuperado ya el señor Crosta del percance del 13 de Julio?

  2. carlo crosta dice:

    pues si amigo! muchas gracias. cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa. y dentro de nada la bendita escalerilla!

  3. […] era un asiduo y enamorado de la Feria del Toro desde los años sesenta, cuando entró en contacto con distintos socios de la […]

  4. […] año por los achaques de los setenta. Pero pocos le habrían escuchado decir que las fiestas o la Feria del Toro, “ya no son lo que eran“. O que al año siguiente se fuera a quedar en la costa de […]

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