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A propósito de Juan Posada

A paso de banderillas
Juan Posada (Foto: Yannarelli)

Juan Posada (Foto: Yannarelli)

Ayer murió Juan Posada, matador de toros, periodista y crítico taurino.

Son múltiples los obituarios publicados, las alabanzas escritas y los recuerdos de Juan que a sus amigos vendrán a la memoria. No se pretende desde estas líneas incrementarlas, pues quien esto firma apenas cruzó veinte o treinta palabras en vida con él.

Tampoco uno se encuenta en disposición de analizar todas sus crónicas pamplonesas porque, aunque habitual de la Feria del Toro antes  de 1984, un menda no supo valorar y seguir lo firmado por Posada hasta hace pocos años.

Pero sí de dejar patente que con él perdemos una forma ver toros. También en Pamplona. Su última crónica publicada evoca nuestra ciudad, pues es la que analizaba la corrida celebrada el pasado 14 de julio. Aunque esta última  feria tuviera que seguirlas a través de la televisión, desde Madrid.

En las crónicas de Juan Posada  pesaba siempre el torero, el que sabía mejor que nadie lo que sucedía abajo. Pero su interpretación, lejos de ser comprensiva, corporativa o  contemporizadora, como pueda ser la de los matadores metidos a comentaristas, era directa, en ocasiones dura y a veces políticamente incorrecta.

Hace unos años un matador resultó cogido en la plaza de Pamplona. En el momento de la cogida el matador no estaba “en el sitio”. Casi todos lo vimos, como también vimos después su gluteo abierto. Pero consciente, o inconscientemente, en los papeles nadie daba mayor explicación al accidente.  A los juntapalabras, y a los aficionados, el respeto por la imagen del torero herido suele pesarnos mucho.  Y es justo y lógico. Ellos se ponen donde nosotros nunca nos hemos puesto.

A la mañana siguiente Posada lo dejaba claro en su crónica: el matador había sufrido la cornada por encontrarse fuera de cacho y con la muleta retrasada. Él era el único que tenía autoridad para dejarlo por escrito.

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