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Bueno, ya la hemos matado

La trastienda
Publicado en Diario de Navarra el 13 julio 2009
Rafaelillo zafándose del Miura (foto de Jesús Diges para EFE)

Rafaelillo zafándose del Miura (foto de Jesús Diges para EFE)

La Real Academia de la Lengua define el riesgo como la “contingencia o proximidad de un daño”. En los toros, aunque en ocasiones lo olvidemos, el peligro y la posibilidad de un disgusto está siempre al acecho. El toro es un animal fiero y enrazado por naturaleza, cuya condición brava se demuestra en la plaza. Pero antes y durante su lidia es un animal en extremo peligorso.  Quienes han visto manejar los toros de Miura en el campo son conscientes de la pólvora interior que albergan esos bichos.

En Pamplona había cundido en los últimos años la idea de que los encierros rápidos y limpios eran una sosería. Y que las mejoras en su desarrollo, eran una suerte de edulcoración municipal que iba a acabar con su esencia. Después de presenciar las escenas dantescas de estos días, quizá la peligrosidad del animal bravo haya dejado de ponerse en tela de juicio.      La corrida de Miura de ayer, como todas las del hierro, tuvo peligro. Y no precisamente sordo. Lo vieron los aficionados, que disfrutaron con ella. Pero para el gran público que no tuviese  las claves para verlo, pudo resultar plúmbeo. Sobre todo si se celebra en domingo, con el ecuador de las fiestas pasado y a treinta y tres tórridos grados.

Pero el peligro estaba allí. No se había marchado.  Los toros de Miura ora tiraban gañafones ora embestían. Y Rafaelillo es el que lo vio más claro. Se fajó con ellos y logró tandas de muletazos. Pero a la que se despistaba le echaban mano. Su quinto toro era un cárdeno leguleyo. Se llamaba heredero. Salió bueno.

Decíamos al principio que el peligro es una contingencia. Lo de las contingencias suena mucho a seguros, públicos o privados. Cuentan que hay toreros que aseguran sus temporadas. Uno imagina que no serán matadores como Rafaelillo, que tienen que lidiar con corridas duras todos los días. Corridas en las que salen toros cárdenos. Y tardes en las que no todos embisten por derecho como el quinto. Unos embisten del derecho y otros del revés.  Y cuando es del revés cualquier toro puede arrebatarles la vida. ¿Compensa una póliza ése riesgo?

Y aunque lo vivido haya resultado intenso no quedan en esas tardes muchas alegrías. Una es volver entero al hotel. Otra saber relajarse y disipar el miedo que provoca el riesgo. Y la mejor es llegar a la habitación, descansar, ducharse y llamar a la familia para decir con voz tranquila: bueno, ya la hemos matado.

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