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De la pesadilla al caviar

La trastienda
Publicado en Diario de Navarra el 7 julio 2009

Un sueño, o una pesadilla, perseguía a Pablo estos días. Estaba toreando en la Plaza de Pamplona, salía al patio de caballos a cambiar de montura y se encontraba a un mozopeña de cien kilos, con un sombrero charro, intentando trotar a lomos de Caviar.

Caviar citando al toro (Diario de Navarra)

Caviar citando al toro (Diario de Navarra)

Quien haya conocido un patio de caballos en una tarde de rejones, sabe que eso es imposible. Los caballos son cuidados, vigilados y mimados como auténticas estrellas. Los rejoneadores cuentan con equipos, de seis personas o más, en las que hay desde mozos de cuadras hasta veterinarios. En la tarde de ayer, con dos caballos corneados, el patio se convirtió en una UCI equina donde todo el mundo echó una mano.
Pero la pesadilla de Pablo con Caviar, no eran tan infundada. No porque fuera a sucederle en Pamplona, sino porque ya le había pasado.

Había sucedido muy lejos, en el estado de Colima, México. Allí en Villa Álvarez los vecinos montan cada año una Plaza de toros. Clavan postes en el suelo, los cruzan con travesaños, unen los tendidos con fuertes abrazaderas y pegan muy pocos clavos. Rematan la estructura con enormes toldos de color arena a los que llaman petates. Y así en unos pocos días, resurge cada año la plaza de la Petatera. A botepronto la Petatera recuerda a alguno de los circos romanos que se veían en Gladiator.

Un toro que lidiaba Pablo Hermoso escapó este año de la plaza. Y como en la Petatera no existe nada parecido a un patio de caballos, lo que encontró en su huída el toro fue el recinto ferial, con los niños subiéndose a las barracas. Las imágenes dieron la vuelta al mundo. Gracias a la destreza de Pablo para reconducirlo, el asunto no acabó en tragedia.

Una vez devuelto el toro al ruedo, Pablo quiso cambiar de caballo. Convenció a los asustados empleados que guardaban la puerta para que se la abriesen y contempló cómo todos sus caballos andaban desperdigados. Al ir a coger a Caviar se encontró con que a lo lejos, un gordo enorme lo estaba montando. El gordo se ofendió cuando Pablo le pidió que se lo devolviese… ¡encima de que se lo había cuidado!. El joven potro volvió a manos del de Estella. Y la tarde terminó, como ayer, con triunfo memorable de Pablo y el nombre de Caviar resonando.

Desde aquella tarde, la temporada de Pablo ha rejuvenecido al ritmo de sus caballos. El nombre de Caviar se ha disparado en el olimpo de los caballos toreros. Ayer este potro demostró, que a su manera, es un niño torero. Quiebra, cuartea, galopa y templa con ritmo endiablado. Y su dueño, Don Pablo Hermoso, es el número uno irrefutado.

Cuentan que cerca de Villa Álvarez hay un volcán en erupción.  Ayer Pablo, y Caviar pusieron la plaza a una temperatura parecida. El gordo de la Petatera nunca sabrá lo que tuvo entre sus piernas: una nueva estrella.

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2 respuestas a “De la pesadilla al caviar”

  1. ¡Qué bonito Mariano!, ¡Qué bonito!

  2. LuisMa dice:

    Con artículos como este nos vas a meter en el mundo de los caballitos !!!!

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