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En la piel del torero

La trastienda
Publicado en Diario de Navarra el 9 julio 2009
Sergio aguilar (foto: Jesús Diges, EFE)

Sergio aguilar (foto: Jesús Diges, EFE)

Hay gente p´a tó. Ya lo dijo el Guerra. Hay peña que incluso nace torera. 
Y el nacer torero es complicado, porque no es la profesión que deseen las madres para sus hijos. Ni las madres , ni las abuelas, ni los padres, y además ya ni sirve para presumir ante los vecinos.    

Los mozos de blogsanfermin montaron este año un concurso de microrrelatos. Había que redactar con doscientas palabras, un relato sanferminero. El concurso se promocionó  exclusivamente por internet, y en poco más de un mes sumó trescientos cuarenta relatos. Los microrrelatos llegaron de todo el mundo, y estaban escritos en varios idiomas. 
Pues bien, pese a que los participantes no se conocían entre sí, ochenta de ellos habían tenido la misma y original idea: meterse en la piel del toro. Ver la vida, y la fiesta, a través de los ojos del toro.  Nadie probó a verla desde los ojos del espada, que entre otras cosas es un ser humano.  

Y la verdad es que la opción tenía algo de lógica. Los naturales que dió Sergio Aguilar al tercer toro fueron de lo más emocionante que hemos visto en los últimos años. Por el riesgo, por el temple, por la bragueta y por la cabeza que empleó para darlos. Fue un rato de pasarlo mal aun sentado en el tendido. De ver cómo el bicho iba y venía endiablado con sus pitones a centímetros  de las piernas de Sergio. Emociones siempre sentidas en tercera persona.  

Porque, ¿alguien se hubiese puesto ayer en la piel de Sergio aguilar?, ¿aguantaríamos los otros mortales ésa emoción, sin perder un paso frente al riesgo?, ¿podríamos reprimir el pánico?.  

Dicen los matadores que el valor lo da el oficio. Y yo, la verdad, no acabo de estar de acuerdo. Este juntapalabras prodría acudir todas las mañanas a la Casa de Campo. Podría correr algunos kilómetros a base de entrenamiento. Podría torear mediocre de salón  tras mucho esfuerzo. O podría practicar muchas horas de frontón, que es lo que hace Sergio. Y sin embargo jamás nadie podría llamarle torero.  

Pero el valor de Aguilar es tan sobrio como sus silencios. Apenas se expresa antes un micrófono. No es fácil sacarle de sus pensamientos.  Su cabeza suele estar lejos, en el olimpo de los toros bravos y los grandes toreros. En el de los temores ocultos de la gloria y el riesgo.

Y quizá, en esas falta de expresión, resida uno de sus mayores problemas. A cierto público pamplonés, lo que hizo ayer Aguilar le pasó desapercibido. No terminaron de enterarse de lo que habían visto   

Sin embargo no toda la esperanza está perdida. Pasaba Sergio Aguilar debajo del Anaita en la vuelta al ruedo. En ése tendido ven los toros la gente de blogsanfermin. Varios se partían las manos al verlo. Como ya han escrito otros, pasaba un torero.

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Una respuesta a “En la piel del torero”

  1. Joselito dice:

    Estoy totalmete de acuerdo con tus palabras…TORERAZO

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