Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

La gloria de los gregarios

La trastienda

Publicado en Diario de Navarra el domingo 12 julio 2009
Joselillo Doliéndose (Foto:  A. ARRIZURIETA, para AFP)

Joselillo Doliéndose (Foto: A. ARRIZURIETA, para AFP)

En ocasiones, la enorme lista del escalafón de toreros, recuerda por su tamaño a la clasificación general de una vuelta ciclista. En la grand boucle corren muchos, pero los que salen en la tele, los que destacan y son reconocidos por el gran público, son menos de una docena. Todos han sufrido para llegar ahí, todos se han dejado girones de piel en las cunetas. Pero sólo unos pocos reciben flores, besos y maillots a la llegada. Para el hotel quedarán las confesiones de los que han perdido, de los que han trabajado mucho para obtener muy poco, o de los que en la intimidad se saben meros aguadores de una carrera que se les hace cada vez más cuesta arriba.

Este año del Tour se acuerda poca gente. Pero los ciclistas siguen dejándose el resuello como en tiempos de Induráin, cuando lo seguía todo el mundo.   Ayer en la plaza de toros de Pamplona hicieron el paseíllo tres matadores en funciones de toreros combatientes. De toreros que no querían la etiqueta de gregarios. Tres matadores con ganas de dejar el infierno del pavés y pasar a la gloria de los palcos y los abrazos. Uno venía de vuelta y los otros dos querían entrar en las grandes ferias y el billete largo.

La corrida salió primorosa. Todo el mundo la pudo ver y comprender. Y ante toros-toros las sombras y luces de los toreros salieron a la palestra. A las canales de la corrida uno brilló con luz propia.

Es de Valladolid y atiende por José Miguel Pérez “Joselillo”. Joselillo se consagró ayer como torero de Pamplona. Como torero con grito propio y público fiel. Como torero de los que se dejan el resuello ante unos toros de verdad herrados en Constantina.

Pero se quedó a las puertas de la gloria, los besos y los abrazos.   La palabra fatalidad va a asociarse siempre a Joselillo en Pamplona. La del mal fario de las pájaras de Perico, la de las tardes en el que llegaba tarde a la contrarreloj o la de aquella que crono que Fignosn perdió por dos segundos. La de las escapadas de kiómetros que se acaban a cien metros de la meta.

Joselillo perdió ayer la gloria que había ganado. La gloria en la que se dejó el físico y la piel. La del éxito que a un torero le pone a circular. Y Joselillo pasado mañana ya no será recordado.

En el cilcismo hace décadas que nadie recuerda a Poulidor.

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